—¿Usted también lo notó? —Álvaro se veía serio.
Como el viejo ya lo había percibido, no tenía sentido seguir ocultándolo.
—En estos días yo también he sentido cosas raras.
—Cada vez que salgo del rancho, siento que alguien me sigue… pero no parece con mala intención.
—Y también han aparecido varias caras nuevas cerca de mí…
—Mandé a gente a investigar en secreto y no salió nada. Pero justo eso es lo raro: está demasiado limpio.
Álvaro frunció el ceño, con la voz baja y pesada:
—Creo que Kiki se fue a vivir fuera de la casa por algo que no quiere que sepamos.
Cuando el asistente del profesor Morales dijo que no había proyectos nuevos, lo primero que se le vino a la mente fue todo eso.
Regino soltó un suspiro largo. En los ojos se le asomó comprensión… y dolor.
—Kiarita… siempre quiere cargar todo sola.
—Su identidad… me late que no es sencilla. Si usó lo del instituto como pretexto para irse, seguramente fue para protegernos, para que no nos metamos en peligro…
Al decir eso, la voz le tembló.
Se le vino encima una sensación de cansancio y derrota.
—Yo ya viví demasiado… ya tengo un pie en el otro lado, y aun así ni a mi propia nieta puedo proteger… y todavía ella tiene que andar allá afuera enfrentando peligros para cuidar a este viejo…
Regino le agarró el brazo a Álvaro. La mirada se le endureció, firme y solemne.
—Álvaro, escúchame. Yo ya estoy viejo… no sé cuántos años más pueda estar para ella. Tú eres su hermano mayor. Pase lo que pase, la familia Ibarra y tú… tienen que hacer todo lo posible para protegerla.
***
Casa de campo, a las afueras.
Kiara colgó la llamada de la casa y la suavidad que se le había asomado en la mirada se le borró al instante; volvió a ponerse helada.
Barrió con la vista el patio: todavía había varios de los que quedaban de Veridia forcejeando, buscando el momento para escapar.
Roca, Gloria y Jorge los tenían sometidos contra el suelo.
Apenas se fue la gente del Ministerio de Defensa, esos asesinos de Veridia que seguían escondidos aprovecharon que el sistema de seguridad de la casa aún no terminaba de cerrarse e intentaron meterse para vengar a su líder.
Justo en ese momento entró la llamada de la casa.
Quién sabe si alcanzaron a notar algo raro.

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