Jóker, que intentaba escapar, quedó rodeado al instante; varios cañones le apuntaron.
Roca traía sometido al francotirador. Lo aventó frente a las armas y le metió una patada.
—¿Te gusta andar apuntándole a la gente, o qué?
¿Quién chingados se creía para tirarle a su jefa?
—Roca. —Kiara lo frenó y miró a los elementos alrededor—. Ya.
Aquí, desquitarse tantito estaba bien, pero hasta ahí.
Roca escupió al suelo y se fue de inmediato detrás de Kiara.
—Jefa, todo salió como estaba planeado.
Kiara asintió y levantó la vista hacia el grupo; se enfocó en el que mandaba.
El hombre estaba erguido, con porte firme y mirada seria.
—¡División Especial del Departamento de Seguridad de Solarenia! ¡Todos, bajen las armas y ríndanse de inmediato!
A un lado, alguien repitió la orden en veridiano.
Los hombres de Jóker se quedaron tirados en el piso, sin atreverse a moverse.
El comandante habló con voz dura:
—Jóker, estás acusado de atentar contra la seguridad nacional. En nombre de la unidad especial del Departamento de Seguridad de Solarenia, quedas oficialmente detenido.
Hizo una seña.
Los elementos se acercaron y esposaron a Jóker.
Jóker se quedó pálido, con los ojos abiertos de par en par, mirando a Kiara como si no lo creyera.
—¿Tú… tú te estás coordinando con el gobierno? ¿Te aliaste con ellos?
Ella era la jefa de una fuerza de Sector 7; para el gobierno de Solarenia, eso también la convertía en criminal.
¿Y aun así se atrevía a trabajar con ellos?
¿No le daba miedo que se destapara que ella era La Muerte Viviente y la arrestaran?
Kiara seguía medio recargada en Joaquín. Al oírlo, asomó la cabeza desde el pecho de él y puso cara de “ciudadana ejemplar”.
—Como ciudadana de Solarenia, es mi obligación ayudar a eliminar cualquier fuerza que ponga en riesgo la seguridad del país.


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