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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 213

Los otros sicarios soltaron una sarta de mentadas, furiosos, y de inmediato aceleraron sus motos para estamparse contra Fantasma.

—¡Maldita sea! ¡Te voy a matar!

En los ojos de Kiara se marcó todavía más el sarcasmo.

Los asesinos a sueldo de Veridia… parecían bastante poco profesionales.

¿Ni siquiera investigaban bien a su objetivo antes de aceptar un trabajo?

Tenían que ser de Veridia. En el fondo, eran de ese tipo de gente absurdamente engreída.

¿Pelear con ella sobre una moto?

¿Y todavía querían jugarle al “te tumbo a golpes con la moto”?

Era básicamente suicidarse.

En el instante en que el sicario se le fue encima, Kiara giró el cuerpo con una maniobra dificilísima y, en vez de esquivarlo, se lanzó de frente a chocarlo.

El impacto sacudió la moto del hombre con violencia; perdió el control en ese mismo momento y salió dando tumbos hasta volar fuera de la calle.

Y Kiara, aprovechando la fuerza del choque, hizo un trompo brutal en el lugar, derrapando de cola.

—¡Pum!

—¡Crash!

Uno tras otro, los sicarios salieron disparados con todo y moto bajo esa embestida.

Fantasma, en cambio, giró con una elegancia impecable, volvió a su posición y se detuvo con firmeza.

Kiara apoyó en el piso una pierna larga y recta, se recargó con flojera sobre el frente de la moto y se quitó el casco plateado con negro, dejando ver ese rostro perfecto y llamativo.

Sus labios rojos se curvaron en una sonrisa ligera, y su mirada barrió a los que estaban tirados en el suelo, retorciéndose de dolor, mientras seguían soltando insultos sin parar.

—¿Alfa? ¿Eso es todo?

Su voz, clara y fresca, sonó casi divertida.

—Con razón en Solarenia no pintan.

Esa frase, tan provocadora, les cambió la cara a todos. Se les tensaron las facciones y la miraron con odio, como si no pudieran creer que la chica que les arruinó el plan que Veridia llevaba años armando todavía se atreviera a mencionar el nombre de su organización…

Y encima con esa actitud de desprecio.

Estaban que echaban humo.

De pronto, uno de los sicarios que había salido volando y cayó junto a un árbol la miró con expresión retorcida. Le salió un gruñido ronco de la garganta, como de pura rabia.

Aguantándose el dolor, metió la mano a su bota y sacó una pistola. La alzó, apuntándole a Kiara.

Capítulo 213 1

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