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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 639

Pamela se mordió el labio, mostrando una expresión de profunda injusticia combinada con una valentía estoica:

—A fin de cuentas, para Kiara, yo... solo soy una extraña en esta familia. Ella cree que le robé a sus padres y a sus abuelos, por eso siempre me ha guardado rencor.

—Y-yo solo tenía miedo de que, siendo su primera vez en un país ajeno, se aprovecharan de ella o la estafaran...

Añadió, vendiendo a la perfección el papel de la pobre chica maltratada por Kiara en la familia Ibarra.

Fabián apartó la vista del horizonte y miró a Pamela, notando sus ojos enrojecidos y su semblante afligido.

Le dijo con un tono amable:

—Señorita Pamela, no tiene por qué compararse con ella. Usted creció bajo la tutela de los señores, es natural que la tengan en alta estima. Pierda cuidado, mientras esté aquí, nadie se atreverá a humillarla.

—Señorita Pamela, está haciendo mucho viento. Le ruego que suba al auto. En cuanto estemos con los señores, yo mismo les relataré el comportamiento de la señorita Valdez.

Pamela hizo una última mueca intentando buscar alguna excusa falsa para defender a Kiara.

Pero al final asintió con obediencia, como si hubiera cedido a la sensatez del mayordomo.

Una vez en el auto.

Se dedicó a observar las exóticas calles pasar, riendo internamente con desprecio.

¿Qué importaba si Kiara era la famosa Queen?

¿Qué importaba si los Ibarra la adoraban?

¡Del lado de los abuelos, Kiara no era absolutamente nadie!

Una idea siniestra brotó en su mente:

*¡Qué maravilla sería que Kiara tuviera algún accidente sola, en este país lejano!*

Por otro lado, el Bugatti Veyron azul se abría paso por las calles foráneas.

En la parte delantera, el guardaespaldas con gafas de sol desde el asiento del copiloto le entregó un maletín, informando con total respeto:

—Señora Muerte, la líder Escorpión reporta que todo está preparado de su lado. Nos dirigimos en este momento hacia el Club de Subastas El Dorado.

Kiara tomó el maletín.

El panel divisorio del auto se cerró, aislando la parte trasera.

Llevaba una máscara plateada que ocultaba gran parte de sus facciones, dejando ver solo un par de ojos afilados y fríos, y una mandíbula perfecta.

Aunque era imposible contemplar su rostro en su totalidad, no cabía duda de que tras la máscara... se escondía una belleza letal y cautivadora.

Entre sus finos dedos sostenía con actitud relajada una tarjeta negra con el perturbador símbolo de un escorpión, dándole unos leves golpecitos.

Al percatarse de la tarjeta, los rudos guardias de la entrada bajaron la cabeza respetuosamente y le abrieron paso de inmediato.

No muy lejos, en el acceso VIP.

Un hombre vestido con un elegante traje color rojo escarlata y una máscara de plumas a juego, de quien emanaba un aura imponente y majestuosa, detuvo sus pasos.

Levantó la vista hacia la entrada del club.

Alcanzando a vislumbrar apenas aquella silueta curvilínea y tentadora.

Sus profundos ojos oscuros se entrecerraron.

—Rex, ¿qué estás mirando? —preguntó a su lado un hombre con una presencia igual de intimidante y una máscara negra.

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