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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 640

La mirada del hombre de la máscara roja se oscureció un grado. Encendió un cigarrillo y contestó con tono apático:

—Vi a una mujer con una figura envidiable.

—¡Jajaja! ¡Rex! ¡¿Desde cuándo te interesan las mujeres?! —el hombre a su espalda soltó una fuerte carcajada—. Quiero verla, ¿cómo será la mujer que ha logrado derretir el corazón de piedra de nuestro querido Rex? Terminando la subasta, te la traigo yo mismo para que la disfrutes.

—No hace falta —el hombre de rojo exhaló una densa nube de humo que difuminó sus marcadas facciones bajo la máscara. Se dio media vuelta e ingresó directamente por el pasillo VIP.

Kiara no tenía ni la menor idea de que acababa de convertirse en el objetivo de alguien.

Pasó su tarjeta por todos los anillos de seguridad hasta adentrarse en el salón de subastas.

Era evidente por qué ese lugar era el edén del derroche en Aquilinia: rebosaba de un lujo obsceno.

Bajo los gigantescos candelabros de cristal, se congregaban magnates, figuras de poder y capos del mundo clandestino de todos los continentes.

Kiara se dirigió sin titubear a uno de los palcos privados en el segundo nivel.

La vista era impecable.

Lo que le permitía escudriñar todo el escenario principal sin perder ningún detalle.

La subasta se desarrolló en perfecto orden.

Hasta que el subastador, con un tono febril y desquiciado, presentó la pieza maestra de la noche:

—¡Y ahora, damas y caballeros, el gran cierre que todos estaban esperando!

—¡Extraído directamente de las manos de un traidor de la Liga Espectro del Sector 7... el chip neuronal K-07! ¡Estoy seguro de que todos los aquí presentes conocen su valor mucho mejor que yo! ¡Comenzamos la puja con un precio de salida de cincuenta millones de dólares!

Apenas terminó de hablar, la sala entera estalló en un frenesí.

Fácilmente, la gran mayoría de los asistentes habían acudido al club esa noche exclusivamente por ese chip.

Las pujas comenzaron a llover ferozmente.

Por el auricular de Kiara sonó la voz de una disgustada Escorpión:

—¿De qué traidor están hablando? ¡Yo jamás deserté ni robé nada! ¡Ellos fueron los que nos robaron a nosotros!

A medida que hablaba, Escorpión se enfurecía más. Apretó los dientes y soltó con rabia:

—Señora Muerte, ¿estamos listas?

La mirada de Kiara se posó en el escenario principal, exactamente en aquel minúsculo chip encerrado en una cápsula de vidrio antibalas.

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