Kiara ya ni volteó a ver a Joaquín. Alzó apenas la mirada y se quedó viendo, de lado, a Yolanda y Pamela.
Sus labios rojos se curvaron en una mueca cargada de burla.
—¿Envidia… de ella?
Su voz no era fuerte, pero se escuchó claro para todos.
Su mirada traía desprecio y sarcasmo.
—¿Envidia de que agarre lo que sobra de hacer pastillas, lo convierta en “tesoro” y todavía lo remate carísimo en una subasta?
Se le escapó una risita.
—¿Le tengo envidia a su ignorancia, o qué?
—¡E-estás inventando! —Pamela habló con los ojos rojos, furiosa y a punto de llorar.
Ella había pagado una fortuna y lo trataba como oro.
¿Cómo iba a ser “sobrante”?
Eso era mil veces más humillante que una cachetada.
Pamela miró a Kiara, agraviada.
—Mezcla Herbal es una fórmula de hierbas desarrollada por Milagros. Sirve para fortalecer el cuerpo. En el mercado cuesta una fortuna, ¿cómo va a ser sobrante?
Y además, esa subasta era internacional y famosa.
Era imposible que metieran falsificaciones.
Pamela se mordió el labio; su carita pálida se veía todavía más dolida.
—Kiara, en la casa te dieron bastante dinero. Podías comprar un regalo decente. No puedes, solo porque lo que tú trajiste… quién sabe qué suplemento sea… y quedó opacado por Mezcla Herbal de Milagros, ponerte a faltarle al respeto a Milagros.
Lo dijo como si “se preocupara” por Kiara.


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