Era el modo de Fernando de darle una salida digna.
Pero Pamela apretó los puños.
¿Cuidar a Yolanda, esa inútil que solo estorba?
¿Y por qué chingados?
Se enfureció más, pero no se atrevió a mostrar nada. Solo bajó la cabeza, humillada, y dijo con la voz ahogada:
—Sí… justo iba a ir al hospital a ver a Yolanda…
Se dio la vuelta, con lágrimas en los ojos.
A cada paso volteaba, esperando que Joaquín la detuviera.
Pero… del otro lado nadie la peló. Ni una sola mirada.
Todos estaban alrededor de Kiara, platicando con ella, sonrientes.
A lo lejos, alcanzó a escuchar a Fernando, riéndose, decirle a Kiara:
—…La próxima semana es la fiesta de mayoría de edad de Ellie. Kiarita, tienes que venir, ¿eh? ¡El abuelo te va a estar esperando!
Luego escuchó la voz de Joaquín, clara y grave, con una sonrisa cargada de intención:
—Entonces Kiki… va a ser mi acompañante.
¿Acompañante?
Esa palabra le explotó en la cabeza como un trueno.
Casi se le fue la vista.
¿Iban a llevar a Kiara como acompañante de Joaquín a la fiesta de Eloísa?
Entonces ella… la que siempre, de una u otra forma, había insinuado en el círculo social que las familias Ibarra y Carrasco tenían un compromiso, la que se había asumido como la futura esposa de Joaquín…
¿No se iba a convertir en el chiste de toda la élite?
Y peor: todos empezarían a preguntarse quién era Kiara. Y cuando se destapara su identidad… lo de “hija adoptiva” ya no iba a poder ocultarlo.

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