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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 253

El gerente miró a Benjamín.

Esa mirada le dio un golpe en el estómago. Un mal presentimiento le subió de inmediato.

Y, tal como lo temía, el gerente sacó el radio y dijo sin emoción:

—Cántenme la baja de la membresía del hijo mayor de la familia Zúñiga, Benjamín. Y pongan a toda la familia Zúñiga, más cualquier persona relacionada, en la lista negra del Club Diamante Negro. Prohibido el acceso.

Colgó el radio y miró a Benjamín.

—Una disculpa, señor Zúñiga. A partir de este momento, usted ya no es miembro del Club Diamante Negro. Le pido que se retire de inmediato.

Benjamín estaba al límite de la vergüenza… y del coraje.

Él ya pensaba irse con Javier.

Pero irse por cuenta propia y que el personal del club te corra, eran dos cosas totalmente distintas.

Volteó y le aventó una mirada de reproche a su familia.

—Señor Zúñiga… —Javier, viendo el caos como si fuera un circo, frunció el ceño.

Soltó una risita seca y recorrió con la mirada, uno por uno, a los Zúñiga.

—Veo que su empresa trae asuntos internos… bastante “movidos”. La colaboración con la familia Zúñiga, voy a tener que reconsiderarla.

Dicho eso, se dio la vuelta y se fue con su gente hacia el coche.

—¡Señor Amaya! ¡Señor Amaya! —Benjamín palideció y corrió tras él—. Déjeme explicarle. El Grupo Zúñiga no es así, de verdad. Señor Amaya, deme una oportunidad de explicarle, señor Amaya…

Pero Javier ni lo peló.

Catalina se encogió y dio un paso atrás. Se puso blanca, y las lágrimas le brotaron al instante.

Dana, al verla llorar, se apresuró a protegerla, abrazándola.

—Si tú no tuviste la capacidad de cerrar el trato, no te desquites con Cata.

Eso hizo que Benjamín se riera, pero de puro coraje.

—¿Que no tuve la capacidad? Mamá, ¡estuve a nada de cerrar la colaboración con el señor Amaya! ¡Era la última esperanza de la familia Zúñiga, el último salvavidas, ¿entiendes?! Pero por tu culpa… por tu culpa, que te pusiste a gritar como loca, a hacer el ridículo, a comportarte de la peor manera… el señor Amaya pensó que el Grupo Zúñiga estaba lleno de gente como tú. ¡Y ahí se acabó todo!

—Si yo cerraba ese trato, podía sacar a la familia Zúñiga del hoyo. Pero ahora… ya valió. ¡Ya valió! ¿Contenta? Pues ya: declaren la quiebra y vámonos todos a dormir bajo un puente.

***

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