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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 257

Su risa sonó clara y fría. Era bonita… pero a cualquiera le ponía la piel de gallina.

Como si de golpe el ambiente se volviera helado.

Los Zúñiga se estremecieron sin querer y se tocaron el cuello, sintiendo el escalofrío.

Kiara alzó apenas la mirada. Sus ojos, limpios y fríos, se posaron con calma sobre Dana.

No había emoción alguna ahí. Solo una tranquilidad gélida.

Esa mirada asustó a Dana tanto que retrocedió varios pasos, apretándose el pecho por el corazón desbocado.

Cuando reaccionó, sintió una vergüenza horrible por haberse echado para atrás así.

Se le fue el color de la cara y, como si la hubieran abofeteado, se encendió de rabia.

—¿De qué te ríes? ¿Con qué cara te ríes?

—¡Malagradecida! La vez pasada, en La Cúpula Dorada, por tu culpa casi terminamos en la cárcel. Y ahora, otra vez por ti: por andar provocando al prometido de Cata, él tuvo que hacer esa apuesta de carreras para zafarse de ti.

—¡Nos dejaste en la ruina! ¡Todo lo que perdimos lo vas a pagar tú sola!

Mientras más hablaba, más se convencía de que tenía toda la razón.

Señaló el Maybach negro con más fuerza, como si se viniera arriba:

—Ya que andas vendiéndote y te colgaste del jefe de los Carrasco, entonces más te vale dejar todo esto bien arreglado.

Las últimas palabras le salieron más bajitas.

Porque la mirada de Kiara, fija sobre ella, era helada.

Y toda la valentía que Dana había juntado se le vino abajo.

¿Cómo podía una pinche chica salida del campo tener una presencia así?

¿Y todavía… intimidar de verdad?

—T-Tú… deja de verme así. ¡Apúrate y…! —Dana tragó saliva con fuerza, intentando recuperar la autoridad de “madre”.

Kiara curvó apenas los labios. Y, con una calma cortante, dijo palabra por palabra:

Nadie alcanzó a reaccionar.

Kiara le agarró a Catalina el cabello —ese cabello que traía perfectamente arreglado— y jaló con fuerza.

El tirón le arrancó un alarido; el dolor fue tan brutal que Catalina chilló sin control.

—¡Paf!

Luego vino una cachetada, dura, directa, estampada en la cara de Catalina.

Catalina gritó todavía más, tratando por instinto de soltarse.

Pero mientras más se movía, más le ardía el cuero cabelludo del jalón. El cuerpo se le fue hacia adelante, toda hecha un desastre.

Incluso le empezó a salir sangre por la comisura de los labios.

—¡Cata! —Dana se quedó paralizada un instante por la mirada y los movimientos de Kiara, hasta que por fin reaccionó y se lanzó hacia ellas—. ¡Pinche vieja, te atreves a pegarle a mi hija!

***

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