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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 269

—Señor Zúñiga, ¿a poco no les encanta “decidir” por los demás? —Eugenio sonrió, descarado—. Pues a ver: ¿quién va a tomar la decisión de firmar este contrato?

El documento, con letras claritas, decía el monto de la indemnización: cien millones.

Plazo de pago: indefinido.

Intereses: al máximo que maneja el Club Diamante Negro.

—Señor Eugenio… e-esto no se puede… —A Tristán le temblaban las manos.

—¿No quiere firmar? —Eugenio sonrió, relajado y altanero—. Está bien… supongo que la casa y la empresa de la familia Zúñiga valen algo.

Luego paseó la mirada por los demás.

—Ustedes sí que son familia grande… Entonces los mandamos completitos a las minas de piedra negra en Alicante. Con el resto de su vida pagando, seguro alcanza.

¿Las minas de piedra negra de Alicante?

Todo mundo sabía que eran las minas esclavistas más infames de la familia Palma: el que entraba ahí, si no se moría, salía destrozado.

Y ellos, acostumbrados a la buena vida…

¿cómo iban a aguantar?

Además… si le quitaban casa y empresa, ¿con qué se iba a levantar?

—Ah… —Eugenio bostezó como si ya le diera flojera—. Entonces ya quedó. Que alguien haga el inventario de los bienes de la familia Zúñiga y luego los mandan a todos a piedra negra. Y nosotros… a seguir tomando. No vamos a dejar que basura irrelevante nos arruine la noche.

Y de verdad se dieron la vuelta como si ya se fueran.

—¡F-firmo… yo firmo! —Tristán, con la cara ceniza, escupió las palabras entre dientes.

—¡Papá! —Benjamín soltó un grito, igual de pálido.

Si firmaban eso…

la familia Zúñiga iba a quedar amarrada de por vida a Eugenio.

Generación tras generación, atrapados en esa deuda.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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