Catalina apretó el celular con fuerza y se le quedó viendo a la cara de Kiara, tan serena que parecía de piedra. Rechinó los dientes y soltó, con voz chillona:
—Ni aunque te estés muriendo dejas de hacerte la necia. Ahorita que te tome fotos, que grabe video… a ver si todavía te haces la muy valiente.
Mientras hablaba, les gritó a los dos hombres:
—¡Ya, muévanse! ¡Quítenle la ropa!
Los dos hombres se le fueron encima a Kiara...
Kiara apenas esbozó una sonrisa.
Su carita pálida y bonita se veía tan fría que daba miedo.
Estaba por alzar la mano para someterlos cuando...
—Mira nada más. Qué ambientazo.
Se oyó una voz relajada, burlona.
Tres chavos de cabello teñido de distintos colores venían caminando sin prisa, como si fueran dueños del lugar.
El de pelo rojo iba al frente. Se sonrió de lado y barrió la escena con la mirada.
—¿Y ustedes qué? ¿Andan de valientes o ya van a grabar su videíto?
Los dos cocineros ya estaban nerviosos de por sí. Al ver a los tres desconocidos, se asustaron.
Catalina entrecerró los ojos y los escaneó de arriba abajo.
Traían ropa “de marca”, pero sin logos llamativos; no se veía nada del otro mundo. Y con esos tintes chillones…
En las familias de verdad pesadas no dejan que un chamaco se exhiba así.
Con eso, Catalina decidió que esos tres no eran nadie importante. Les aventó una mirada helada.
—No se metan. Lárguense.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste