Si en el círculo se enteraban de que el señor Carrasco se había aparecido en su lugar…
La familia Fuentes se iba para arriba, pero en serio.
A Patricio se le iluminaron los ojos. Y, por dentro, hasta le dio la razón a Samuel.
Cata sí era de “buena suerte”.
Volvió.
Y la familia Ibarra buscó a los Zúñiga para cooperar.
Y él… él iba a tener chance de conocer al señor Carrasco.
Se le borró la cara de “jefe frío” de siempre. Tomó un vaso de al lado y fue a recibirlo.
—Señor Carrasco, una disculpa. Los Fuentes y los Zúñiga estábamos arreglando un tema entre nosotros y lo molestamos. ¿En qué privado está usted? Ahorita le mando unas botellas para compensar.
Le ofreció el vaso, forzando una sonrisa y bajando el tono, servil.
Pero…
Joaquín ni lo peló.
Con esa mirada tranquila, como de cuadro, se fijó en la chica fría que estaba en medio.
La comisura de sus labios se levantó, apenas, con desinterés.
Y caminó hacia Kiara.
Ignorando por completo a Patricio.
La sonrisa “amable” de Patricio se le congeló. Le subió la vergüenza y el recelo.
Apretó el vaso y se giró, tenso.
Joaquín entró al privado con paso flojo.
Al pasar junto a Samuel, que estaba tieso, ni lo volteó a ver. Con la mano que sostenía el cigarro, le dio un golpecito suave en el hombro.
La ceniza cayó en la ropa cara de Samuel.
—Hazte a un lado.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste