Kiara avanzó directamente hacia ella.
Había un muro de personas bloqueando el paso, pero ella habló en un perfecto y fluido idioma local:
—Con permiso, apártense.
Los mirones la voltearon a ver, listos para insultarla, pero al chocar con sus ojos oscuros y gélidos, se quedaron mudos.
Como si estuvieran bajo un hechizo, la multitud se abrió para dejarla pasar.
Kiara llegó hasta donde estaba la anciana.
—¡Atrás! ¡Todos atrás! Ya llamé a una ambulancia. Hasta que lleguen los profesionales, nadie debe tocarla. Si le pasa algo, ¡será su culpa! —bramó un guardia de seguridad al ver a Kiara acercarse.
—Soy doctora —respondió ella con firmeza y frialdad—. Cállate y hazte a un lado.
Con la lentitud de las ambulancias en Aquilinia, para cuando llegaran, la mujer ya estaría muerta.
Kiara se quitó la gorra, revelando un rostro deslumbrante, de facciones hermosas y definidas.
Varios en la multitud quedaron fascinados con su belleza, pero igual de sorprendidos por su temeridad.
—¿Qué intenta hacer esa chica?
—¡Es solo una niña! ¿Cómo va a ser doctora?
Nadie creía que alguien tan joven pudiera ser médico.
Y el pánico creció cuando vieron a Kiara quitarse la mochila, sacar un pequeño estuche de tela gris y desenrollarlo...
¡En su interior brillaba una impecable hilera de finas y largas agujas de plata!
Los gritos escandalizados no se hicieron esperar.
—¡Oh, Dios mío! ¿Qué va a hacer con esas aterradoras agujas? ¿Es algún tipo de brujería oriental?
—¡¿Acaso pretende matarla a puñaladas?!
—¡Graben todo! ¡Esto es una locura!
El rostro del guardia se deformó de rabia. Estiró el brazo, dispuesto a agarrarla de la muñeca.
—¡Detente ahí, loca! ¡Esto es un intento de asesinato!
Pensó que una chica tan delgada sería presa fácil.
Sin embargo, en el instante en que sus dedos rozaron a Kiara...
Ella ni siquiera levantó la mirada.
—¡Esa chica... está demente! ¡Le está clavando agujas en el corazón!
—¡Cielos, qué barbaridad! ¡Esta vez sí la va a matar...!
Ninguno creía que una chica, usando tan solo unas finas agujas de plata, pudiera salvar a alguien que estaba al borde de la muerte.
¿Desde cuándo un método tan rudimentario tenía poder salvador? Si la medicina natural de ese lugar realmente fuera tan buena, no enviarían a sus estudiantes a las modernas escuelas de Aquilinia.
Pero, apenas unos quince segundos después de que las agujas perforaron la piel...
—¡Cof! ¡Cof, cof, cof...!
La anciana, que antes estaba asfixiándose y con el rostro amoratado, pareció recuperar la vida como por arte de magia.
Tosió con fuerza, expulsando un aire pesado, y de inmediato comenzó a inhalar grandes bocanadas de oxígeno fresco.
Ese tono violáceo y mortal de su rostro comenzó a desaparecer a una velocidad increíble, devolviéndole su color natural.
—¡Oh por Dios! ¡Es brujería! ¡La misteriosa brujería del este!
—¡Realmente funcionó! ¡Está bien! ¡La mujer está bien!
—¡La magia de Solarenia es impresionante! ¿Qué clase de agujas son esas? ¿Cómo pudo revivirla con solo pincharla un poco?

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