¿Ella qué hacía ahí?
¿Cómo que Kiara en el instituto?
¿La había seguido?
Esa rancherita, claro que no se iba a estar quieta.
En la casa se hacía la que no le importaba que Pamela entrara con el profesor Morales, incluso se hacía la que ni ganas tenía de estudiar…
Y ahora la estaba siguiendo hasta aquí.
Para colmo, Kiara iba caminando hacia los torniquetes de acceso, viendo el celular, como si fuera a meterse a la fuerza.
Pamela sintió que se le iba la sangre a la cabeza.
«¿Está loca o qué?»
Esto no era cualquier lugar.
Era un instituto nacional de energía, un sitio altamente restringido. No era como para que cualquiera se apareciera nomás porque sí.
Pamela ni siquiera esperó a que Mario escaneara su código para agregarla. Con tacones y todo, se fue a grandes pasos hacia Kiara.
—¡Kiara!
Le extendió la mano para detenerla.
—¿Qué haces aquí?
Miró de reojo a los guardias y, con cara de “te lo digo por tu bien”, la regañó:
—¡Vete! Esto es una instalación confidencial. Si alguien sin autorización se acerca, te pueden tomar por espía. Si te detienen, va a ser un problemón… y qué vergüenza para la familia.

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