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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 821

—No, no es así...

Pamela sabía que por nada del mundo podía aceptar la culpa en ese momento.

Pase lo que pase, no podía confesar que todo eso había sido obra suya.

Se dejó caer de rodillas con un golpe seco, llorando a gritos, y se arrastró por el suelo hasta llegar a los pies de Luis.

—No fui yo... ¡De verdad que no fui yo!

—Abuelos, por favor, escúchenme, ¡fui engañada! ¡Yo también soy una víctima!

—Yo... yo de verdad no sabía que las cosas terminarían así... ¡Fue Lucía, fue Lucía quien me manipuló!

—Ella me enseñó a hacer todo esto, me dijo que si seguía sus instrucciones al pie de la letra, ustedes volverían a quererme...

—Yo no tenía idea de que ella traería a esos mercenarios de verdad, pensé que eran simples actores, que las armas eran de utilería...

—Me cegaron. Había sentido tanto rechazo en estos últimos días que solo quería que mis abuelos me prestaran un poco de atención, y perdí la cabeza... perdí la cabeza y acepté el plan de Lucía.

—De verdad, de verdad nunca quise lastimarlos.

—Abuela, tú me viste crecer, ¿cómo podría hacerte daño? Lucía me engañó por completo...

Llorando a mares, se giró hacia Kiara y comenzó a golpearse la frente contra el suelo, humillándose por completo:

—Hermana, créeme, nunca quise hacerte daño, ¡fue Lucía! Fue ella quien me manipuló y me obligó a robar el Corazón del Mar para incriminarte, yo... yo no sé por qué le hice caso, de verdad sé que me equivoqué, sé que cometí un error...

Hablaba entre sollozos desgarradores, sin desvincularse del todo para parecer sincera, pero echándole toda la porquería a Lucía.

Como si ella fuera solo una joven inocente corrompida por una sirvienta perversa.

Con el rostro helado, el señor Quintana levantó el pie y la pateó para apartarla.

Bajó la mirada hacia esa sobrina que alguna vez le pareció dócil y que ahora le resultaba repulsiva. No sentía ni una gota de piedad.

—¡Tío Luis, te juro que fue Lucía...! ¡Ella orquestó todo! ¡Si no me crees, investígalo! ¡Ve y averígualo! Seguro encontrarás las pruebas, todo fue obra suya, todo... —Pamela, tirada en el suelo tras la patada, forcejeaba desesperada para levantarse e intentar agarrarse a la pierna de Luis Quintana.

—Basta.

Luis la miró con ojos gélidos:

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