Lucía de verdad quería decirle unas últimas palabras a Pamela. Se golpeaba la frente contra el piso con mucha fuerza. La alfombra ya estaba manchada de sangre.
Vanesa la miró. Lucía llevaba más de veinte años sirviendo a la familia Ibarra, desde que era muy joven hasta ahora.
Fue ella quien crio a Pamela, y ella misma quien se quedó velando toda la noche cuando Vanesa enfermó en el pasado. El corazón humano es algo muy complejo.
Vanesa cerró los ojos. Esa escena, que parecía una despedida de muerte, le resultaba bastante trágica al final.
Hizo un gesto con la mano.
—Dénle cinco minutos.
Dicho eso, empujó la silla de ruedas del abuelo Regino Ibarra para llevarlo de vuelta a su habitación.
No quería que un asunto como ese afectara la salud del anciano. Gracias a los cuidados de Kiki, el abuelo ya podía sostenerse en pie, y no iba a permitir que por culpa de gente insignificante, todos sus esfuerzos se fueran a la basura.
Los miembros de la familia Ibarra se fueron retirando uno a uno, nadie tenía interés en seguir viendo ese espectáculo.
En el gran salón solo quedaron Pamela, Lucía y un par de guardaespaldas con rostro estoico que no les quitaban la mirada de encima.
Lucía se arrastró sobre sus rodillas hasta quedar al lado de Pamela; sus dedos temblaban mientras trataba de arreglarle el cabello despeinado.
—¡Lárgate! —Pamela la empujó con fuerza, con la cara llena de asco—: ¡No me toques! ¡Criada miserable!
—¡No tengo absolutamente nada de qué hablar con una sirvienta de lo peor como tú!
—¡Es tu culpa! Si no fuera por ti, yo no habría terminado así. ¿Por qué no te mueres? ¡Deberías morirte de una vez por todas!
Desató toda su furia contra Lucía. Y mientras gritaba sus insultos, levantó la pierna y le dio una patada directa.
Lucía recibió el golpe en el pecho, cayó de espaldas al piso y soltó un quejido sordo. Sin embargo, volvió a arrastrarse hacia ella.
Atrapó la mano de Pamela, pero la joven se sacudió violentamente.
Desesperada, Lucía extendió los brazos y envolvió a Pamela en un abrazo.
—¡Suéltame! ¡Basura, cómo te atreves a tocarme! —Pamela levantó la mano y la golpeó. Una bofetada resonó con furia contra la mejilla de Lucía.


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