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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 866

Kiara frunció un poco el ceño.

¿Unos garabatos viejos vendidos por tres mil millones? Lo único que le pasaba por la cabeza eran las palabras «ingenuos» e «imbéciles».

¿Y esta mujer que venía a pararse frente a ella a soltar toda esa palabrería, qué buscaba exactamente?

¿Venía a dar un show de comedia?

Kiara de verdad pensaba que Sabrina era bastante ridícula.

Esa era la primera vez que se veían, ¿no?

¿De dónde sacaba Sabrina tanta hostilidad gratuita hacia ella?

¿Y todavía se tomaba la molestia de caminar desde la primera fila hasta el último rincón solo para insultarla?

¿No que muy de la alta sociedad?

¿Qué señorita de clase iría en su propio evento a humillar públicamente a uno de sus invitados?

Kiara ni siquiera necesitaba responderle.

Ella solita se estaba convirtiendo en el hazmerreír de la élite.

Ese tipo de comportamiento era de lo más vulgar; definitivamente no era propio de alguien de cuna.

No tenía ni un rastro de la educación que se espera de una dama de la alta sociedad.

Pero a Kiara le dio igual.

A su lado, Joaquín sí arrugó la frente, y un brillo gélido cruzó por sus profundos ojos oscuros.

Levantó la mano, a punto de tomar la paleta de subasta.

Eran solo tres mil millones.

Si quería, podía tirar treinta mil millones sin pestañear.

De todas formas, eran cosas de la infancia de su Kiara, comprarlas para guardarlas de recuerdo no era mala idea.

Y de paso le cerraba la boca a esta mujer escandalosa vestida de rojo, que no dejaba de molestar a Kiara.

Qué fastidio.

Pero, justo entonces, una mano suave y cálida detuvo la suya.

Kiara lo miró negando con la cabeza.

—¿Acaso te sobra el dinero para quemarlo?

Lo miraba como si estuviera viendo a un derrochador sin remedio.

Al ver eso, Sabrina soltó una carcajada burlona.

—¿Qué pasa? ¿Tu modelo exclusivo quiere comprarlo por ti y no lo dejas? Ay, claro, son tres mil millones, no es una cantidad que cualquiera pueda gastar.

¿Quién era Milagros?

Era un dios viviente a los ojos de innumerables personas.

Y justo ahora, todos ellos habían estado peleándose frenéticamente por apostar su dinero.

Según las palabras de Kiara, todos los que se mataron pujando por eso... ¿eran unos completos idiotas?

Además, no solo los estaba insultando a ellos, ¡estaba escupiendo sobre el nombre de la maestra Milagros!

Las miradas que los invitados dirigieron a Kiara se llenaron de repulsión, asco y burla.

—¿De dónde salió esta igualada? ¡Qué arrogancia!

—¿Llamar papel basura al trabajo de la maestra Milagros? ¿Acaso sabes quién es ella?

—¡Niñita, discúlpate ahora mismo con la maestra Milagros!

—...

En un abrir y cerrar de ojos, todos la estaban linchando verbalmente.

Frente a las críticas y los insultos.

El rostro de Kiara no mostró la menor alteración.

Levantó la vista, y sus ojos claros detrás de la máscara se clavaron directamente en la cara de Sabrina, quien ni con su propia máscara podía ocultar la expresión de triunfo absoluto.

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