—Órale. Señorita Valdez, aquí el viejo le ayuda en lo que haga falta —el señor Herrera se movió rápido: colocó el celular a un lado, acomodó la cámara para que enfocara la pierna de Regino y luego se pegó a Kiara, convertido en el asistente más servicial.
Abrió con cuidado el estuche de agujas de Kiara, listo para pasarle lo que necesitara.
—Señorita Valdez, las agujas ya están esterilizadas y ya les puse el aceite medicinal.
—Señorita Valdez, ¿la toalla está a la temperatura correcta?
—Señorita Valdez…
Con esas ganas de quedar bien, ¿dónde quedaba la presencia imponente del presidente de la Asociación Mundial de Medicina Tradicional?
En la pantalla, esos rostros que normalmente solo aparecían en revistas médicas de primer nivel o en las noticias, estaban emocionados como… un club de fans de la tercera edad.
Y viendo al señor Herrera de ese modo…
A Pamela se le revolvió el estómago del coraje. La última pizca de esperanza se le desmoronó en ese instante.
Su plan de “destapar a Kiara”... terminó convirtiéndose en el escalón perfecto para que Kiara brillara más y se ganara todavía más el cariño de la familia.
Y lo que ella había hecho hace rato… la dejó como una payasa.
Peor aún…
Hizo que la familia la culpara.
Pamela estaba tan furiosa que sentía que le iba a dar algo. La vergüenza y el rencor eran demasiado; no podía seguir viendo a Kiara lucirse frente a todos y acaparar toda la atención.
Se mordió el labio con fuerza, se tapó la cara y salió corriendo, tambaleándose.
Su espalda se veía patética.
En el instante en que se dio la vuelta, los dedos de Kiara —que sostenían una aguja dorada— se detuvieron apenas un segundo. Alzó un poco la mirada y la clavó en la silueta de Pamela huyendo.
Sus labios rojos se curvaron, apenas, en una sonrisa fría.
Como un cazador que ya tiene a su presa marcada, mirándola desde arriba mientras se agita en vano…
—¿Qué… qué pasa? —Regino llevaba rato esperando y, al no sentir nada, se tensó tanto que hasta la voz le salió apretada.
—Nada —Kiara retiró la vista y bajó la mano con firmeza.
La aguja fina y larga entró con precisión en el punto correcto de la pierna de Regino.
Y al entrar…


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