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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1009

"Rafael"

Siempre estaba eligiendo a la mujer equivocada, tal vez debería pensar en una vida de celibato. Mi vida amorosa podría describirse como una ópera de desilusiones constantes, desde la adolescencia. La más reciente, Melissa Lascuran. ¿Para qué le puse los ojos encima?

Siempre la veía por el edificio con Fernando, pero ahí él desapareció, pasé a encontrarla siempre sola y nunca veía su coche en el estacionamiento, pensándolo ahora, tal vez por mis horarios en el bar, salía por la noche y cuando regresaba al día siguiente ya pasaban de las diez de la mañana. Pero últimamente andaba sola y parecía siempre triste, eso solo podía significar que habían terminado.

Ahí empezó a ayudar a mi hija, no solo con las matemáticas, daba consejos y estaba siendo una influencia positiva para Giovana. Como dice el dicho "quien besa a los míos, endulza mis labios", y endulzó hasta apoderarse de mi cabeza. Y después vino la historia de la boda del amigo. ¿Cómo no me iba a interesar por esa mujer? ¡Era increíble!

Pero ahí, en la boda, Fernando estaba ahí, con ella. No habían terminado, solo la estaba dejando muy sola. Y como soy un experto en relaciones fracasadas podía oler el aroma de relación en crisis a kilómetros de distancia. Y la de ellos estaba en crisis. Y él la dejó sola en la boda. Y ella merecía mucho más que un hombre que no la ponía en primer lugar.

Dejé que se diera cuenta de mis intenciones, al menos creo que lo hice, me acerqué más, dije que merecía más. Pero ahí, se arreglaron, ella me dejó eso claro. Era hora de aceptar que le puse los ojos a la mujer equivocada otra vez y mantener distancia. Y estaba haciéndolo sentado en el balcón del apartamento con un bote de helado de chocolate.

—Papá, mi mamá quiere hablar contigo. —Giovana se acercó y me entregó el celular.

—Hola, Rai. ¿Cómo estás? —La saludé con cariño.

Siempre fuimos buenos amigos. Amigos que se emborracharon llorando las penas y terminaron pasando una sola noche juntos y de eso nació Giovana. Y seguimos siendo amigos, criando a nuestra hija, hasta que Raíssa decidió mudarse a Japón por un novio, parecía ser el amor de su vida, pero estaba muy insegura y pensamos que era mejor que Giovana se quedara hasta que se estabilizara por allá. Y después Giovana no quiso irse, lo que molestó bastante a Raíssa, pero terminó aceptándolo.

—Estoy bien, Rafa, pero supe que estás apuntando ese dedo maldito hacia alguien. No te voy a preguntar quién es porque Gi ya me dio la ficha completa. Pero, Rafa, ¡la chica tiene compromiso, amigo mío! —Raíssa, como buena amiga, siempre metía la nariz en mis problemas.

—Pues sí, Rai, menos mal que conoces mi vocación para los problemas amorosos. —Suspiré.

—Rafa, sal de eso o te vas a lastimar. —Me alertó y sabía que tenía razón.

—Sí, ya lo estoy haciendo. —Me reí.

—Ah, seguramente te estás acabando el helado de chocolate en lugar de estar por ahí divirtiéndote. —Me reprendió.

—No soy el tipo que anda por ahí divirtiéndose. —Ella lo sabía.

—¡Eres dueño de un bar popular, Rafa! Eres un tipo guapo, aunque nuestra hija te diga viejo. Debe haber un montón de mujeres tirándosete encima.

—Ninguna que esté realmente interesada en un guapo viejo. —Me reí.

—Dios mío, ¡pareces una viuda llorando! —reclamó—. Mira, deja el helado y busca una mujer interesante y soltera. Y mantente pendiente de Gi, porque va a hacer travesuras, le gusta la chica y ya está creando un millón de fanfics para ustedes en su cabecita hueca.

—Gracias por el aviso. Y no te preocupes.

Aún conversamos un poco sobre su vida en Japón y sobre cómo iba la adolescencia más que complicada de nuestra hija. Después llamé a Giovana, era hora de ser el papá molesto e imponer límites.

—¡Siéntate ahí! —hablé en cuanto asomó la cabeza por la puerta del balcón.

—¿Qué dijo mi mamá? —preguntó ya mohína.

—Nada que no supiera ya. —respondí—. Te equivocaste en las preguntas del examen a propósito, ¿verdad, Giovana?

—Papá, es obvio que...

—¡No te atrevas a pensar que me tomas por idiota! Todas esas maquinaciones que haces, todas las cositas que traes, no son novedad para mí. Ya tuve tu edad. —La miré fijamente.

—Papá, si acertaba todo en el examen, iba a dejar de darme clases. —Giovana habló con un tono rayando en la desesperación. Puro chantaje adolescente.

—¡Muy bien! ¿Te gusta ella, Gi? —Asintió con la cabeza—. ¡Pues entonces sé honesta con ella! Aprende que mentir, manipular, usar a las personas no son cosas que hace una persona decente.

PAREJA 6 - Capítulo 13: El papá que educa 1

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