"Melissa"
Hana y yo estábamos de pie frente a Lince Mundi esperando a Enzo. Ella parecía más animada desde que salimos del apartamento. Enzo vino hacia nosotras con una mano en el bolsillo del pantalón, caminando con esa confianza típica de un Martínez y esa media sonrisa adorable. Era un muchacho muy guapo y ¡se convertiría en un hombre que quitaría el aliento!
—Pero mira nada más, Mel, ¿de dónde sacas a estas mujeres hermosas? —Enzo ya llegó siendo un galán como el tío.
—Compórtate, Enzo, le dije que eras un muchacho serio. —Me reí. —Esta es Hana, asistente de Nando. Hana, este es Enzo.
Se saludaron y Enzo todavía hizo una gracia elogiando los ojitos achinados de ella. Este chico no era tonto, sabía encantar a las mujeres. Nos ofreció un brazo a Hana y el otro a mí.
—¡Vamos, divas! ¡El almuerzo corre por mi cuenta! —Sonrió y salimos caminando hacia el restaurante del otro lado de la calle.
Cuando entramos al restaurante vimos a Heitor, que agitó la mano invitándonos a su mesa. Me pareció gracioso que estuviera almorzando solo, pero después de que nos sentamos explicó que su acompañante había ido al baño. Y no tardé en descubrir quién era.
—¡Pero qué sorpresa agradable, dándonos el honor de su compañía, Srta. Lascuráin! —José Miguel jaló la silla a mi lado y se sentó, quedando entre Heitor y yo.
—Una coincidencia encontrarnos, José Miguel. —Respondí, sin querer dar mucha confianza, porque este muchacho se estaba poniendo más atrevido.
—Una feliz y agradable coincidencia. —Me miró por un momento. —¿Y esta joven que no conozco? —Se volteó hacia Hana que se puso colorada. Sí, tonta no era, porque este hombre estaba en una categoría de hombres que parecían semidioses, porque de tan guapos no podrían ser simples mortales.
—Esta es Hana, es asistente de mi novio en el hospital. —Aproveché para recalcar que estaba comprometida. —Hana, este es José Miguel, director financiero de la empresa.
—H-hola. —Parecía una adolescente tímida. Casi me río.
—Es un placer, señorita. —Le sonrió y podría jurar que se iba a desmayar de emoción.
—Srta. Lascuráin, no me dijo si los zapatos le quedaron bien. —Se volteó hacia mí otra vez.
—José Miguel, sabes que me quedaron bien, no eres el tipo de hombre que se equivoca con un regalo. Y examinaste mi zapato en el elevador, obviamente viste el número. —Lo encaré y me dedicó esa sonrisa confiada.
—¡Culpable! —Admitió de forma divertida. —¿Vas a volver a la oficina hoy? Porque Heitor sin ti no funciona.
—¿Te está complicando la vida? —Sonreí y encaré a Heitor. —Si llego a trabajar mañana y hay media pendiente en tu escritorio o en el mío, Heitor, estarás en problemas. —Lo amenacé y gruñó.
—Eres un soplón, Rossi. —Pero José Miguel estaba sonriendo y mirándome.
El almuerzo fue divertido y agradable, José Miguel era gentil y atento, se podía entender que las mujeres se le tiraran encima, la propia Hana estaba casi saltándole al regazo. Cuando salimos del restaurante, nos despedimos de Heitor y José Miguel, que besó mi mano y la de Hana y ella casi se desmayó de nuevo.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....