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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1137

"Melissa"

El gerente de la tienda nos miraba irritado y creyéndose la persona más importante del mundo, el dueño de la razón.

—Miren, aquí, ustedes cuatro, ¡fuera de mi tienda! ¿Quieren saber quién soy?, soy el jefe por aquí, soy yo quien mando, yo dicto las reglas. —habló lleno de sí mismo y caminó hacia Luna, levantando la mano para sujetar su brazo, pero antes de que cerrara el agarre Douglas tiró a Luna hacia atrás y Sandra le hizo una zancadilla al hombre que cayó como un tomate podrido.

—Ups... se tropezó. —Sandra dio una sonrisa inocente—. Pero ahora está en el lugar al que pertenece. —Sandra puso un pie en medio de la espalda del hombre, manteniéndolo en el suelo, se agachó y puso la mano gentilmente en sus cabellos, como si los acariciara—. Sabes, imbécil, no tratas a una mujer de esa manera. Las mujeres no son objetos, no son juguetes, no puedes ver a una mujer y hacer lo que quieras con ella, como si fuera solo una piedrita que recoges y juegas con ella. ¿Entendiste?

—No, no todas las mujeres son juguetes, algunas, como tú, no sirven para jugar, sirven solo para que les den una paliza. —le habló lleno de rabia, tratando de levantarse.

—¡Ay, no entendió! —Sandra se irguió y simplemente quitó el pie de la espalda y pisó la cabeza, haciendo que él besara el suelo—. ¿Estás viendo, imbécil, te das cuenta de cómo es besar el suelo? No hay beso de vuelta, es lo mismo que besar una estatua, duro, frío y sin reciprocidad. Besar a una mujer contra su voluntad es lo mismo. Entonces, si eso es lo que te gusta, es mejor besar el suelo. —Sandra levantó el pie, lo suficiente para que el hombre levantara la cabeza, después lo bajó otra vez haciendo que su cabeza se chocara una vez más contra el suelo—. Ya que te gusta, besa un poquito más.

—¿Qué está pasando aquí? —El jefe de seguridad del centro comercial entró a la tienda, acompañado de tres guardias más, listo para sacar a los alborotadores, pero perdió el color cuando me vio—. ¿Srta. Lascuran?

—¿Hola, Ernesto? ¿Todo bien contigo? Pero ahora es Sra. Molina, finalmente. —levanté la mano y mostré la alianza. Él sonrió.

—¡Mira, el joven Fernando finalmente se dio cuenta de lo que estaba perdiendo! —sonrió—. ¡Felicitaciones, Sra. Lascuran! Pero ahora cuéntame, ¿qué le hizo este ciudadano a la señora?

—Ay, Ernesto, conmigo solo fue maleducado, amenazó con prohibirme la entrada al centro comercial, ¡mira qué tonto! —me reí—. Pero este imbécil anda agarrando a las empleadas de la tienda en el almacén. Está aterrorizando a estas niñas.

—¡Ay, ¿no me digas?! Es del tipo que se cree irresistible, entonces. —Ernesto miró al hombre en el suelo—. ¿Y la señorita de allá le está dando una lección?

—Juro que solo se tropezó, entonces le di un consejo, pero creo que no entendió. —Sandra quitó el pie de la cabeza del gerente.

—¡Ernesto, me están agrediendo! —gritó el hombre desde el suelo.

—Ay, no, nadie te agredió. ¿Alguien aquí vio eso? ¡No, ¿verdad?! Ni las cámaras vieron eso. —Ernesto lo miró.

—¡Dios mío! —me volteé para ver a un hombre entrar a la tienda, usando un traje elegante. Era el dueño de la tienda, en realidad, de una cadena de ellas—. Melissa Lascuran, verte en medio de esto me da hasta miedo.

—¡Ay, qué drama! —le sonreí, era un viejo amigo de mi papá—. Y ahora también soy Molina.

—¡Ah, sí, tu boda fue maravillosa! —sonrió—. Mi esposa lloró como una niña.

—Gracias, ¡mándale un beso! Le mandaré fotos después. —sonreí—. Mira nada más, tu gerente de ahí...

—¡Ni necesitas decir nada! Eduardo ya me llamó, parece que el hijo hizo un pedido especial. Voy a resolver esto. ¿Quién es la nuera de Eduardo? —preguntó y señalé a Luna—. Querida, lamento mucho que hayas pasado por esto dentro de una de mis tiendas.

—No fui la única, todas nosotras. —Luna señaló a las colegas de la tienda.

—Lo lamento, chicas, voy a conversar con cada una. Luna, me avisaron que aceptaste una propuesta de trabajo mejor, me alegro por ti y ya traje tu finiquito. —avisó y presentó al contador—. Melissa, puedes confiar en que yo resuelvo esto.

PAREJA 6 - Capítulo 141: El boca loca 1

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