Entrar Via

Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1138

"Melissa"

Cuando bajamos del ascensor en el piso donde estaba Domani, Hana ya nos estaba esperando. Estaba usando un par de lentes de sol hermosísimos y me dio gracia el disfrace.

—¡Después yo soy la loca! Colita, los lentes son hermosos, pero todo el mundo sabe que eres tú detrás de ellos. —bromeé y le di un abrazo.

—Ay, Mel... —suspiró y después de que la solté se quitó los lentes.

—Dime que esto fue un accidente y que atropellaste un autobús. —pedí y ella sonrió.

—Ese cobarde de Federico mandó a alguien detrás de mí. —contó.

—¡No lo creo! ¡Mira esto, Sandrita! —llamé a Sandra—. ¡El exnovio, ese bandido que está internado aquí también! Hana, voy a darle una lección a ese idiota que cree que puede hacerle esto a una mujer.

—¡Hum-hum! —Douglas se aclaró la garganta detrás de mí—. Vas a dejarme hacer lo que tenga que hacerse, loca, tú a lo mucho vas a dar discursos.

—¡Ah, está bien! Pero vas a hacer que se arrepienta por esto. —avisé y Douglas asintió.

—¿Dónde está tu guardia, Hana? —preguntó Douglas y la miré sin entender.

—Encerrado en mi cuartito de suministros. —respondió Hana rápidamente.

—¿Guardia? —No me estaba enterando de nada más. ¿Qué me estaba pasando? Después de que quedé embarazada las noticias solo me llegaban atrasadas.

—Sí, Mel, ese psicópata anda siguiéndome y apareció en el momento en que me estaban atacando, por eso solo tengo un ojo morado o podría haber sido mucho peor, lo reconozco. El problema es que decidió que estoy en peligro y destacó a uno de los guardias del bar para vigilarme las veinticuatro horas. —reclamó Hana y sonreí.

—¡Rafa es genial, ¿eh?! Para con esa tontería de huir de él, ya te dije. Y estás en peligro, mira ese ojo. —señalé y ella hizo una mueca—. Ahora explícame por qué el perturbado sabía esto y yo no.

—Probablemente porque tu príncipe le contó. Prefería que no supieras, estás embarazada y... —Hana empezó a hablar e inmediatamente reclamé.

—Gente, no estoy enferma, solo estoy embarazada. No me gusta que la gente me esconda cosas. Pueden parar con eso. Ahora vamos, ¿cuáles son los cuartos? —pregunté.

—Los del fondo, pero hay dos guardias de la cárcel allá y dos policías que el comisario Moreno mandó para reforzar la seguridad. —me avisó Hana.

—¿Quiénes son los policías? —pregunté y Hana me describió a Renatita y Breno—. ¡Es mi día de suerte! —mandé un mensaje a Renatita que pronto apareció.

—Loca, ¿qué estás haciendo aquí? —Renatita me abrazó.

—Pues, vine a tener una charla agradable con los dos ridículos que creen que van a seguir aterrorizándonos. ¿Me ayudas, Renatita? —sonreí.

—Breno va a enloquecer con esto. Mira, voy a mandar a los guardias de la cárcel a tomar un café, con Breno me entiendo después. Cuando pasen ustedes corren, porque tendremos solo quince minutos. —avisó Renatita y volvió al final del pasillo.

Tan pronto los dos guardias entraron al ascensor fuimos hacia los cuartos.

—¡Ay, no, Renata! ¡No me armaste esto! —reclamó Breno y Renata lo miró seria.

—Sabes por qué lo armé, Breno, porque nosotros no podemos hacer nada, pero mira la cara de esta chica. —señaló a Hana que se quitó los lentes—. ¿Realmente crees que un tipo que hace esto no se merece un poco de su propia medicina? ¿Y Mel? Está embarazada, Breno, y sin paz. Estos dos necesitan entender que no van a hacer lo que se les ocurra y que ellas no les tienen miedo.

—Yo les tengo miedo. —se apresuró Hana.

—Pero ellos no necesitan saberlo, colita. —la corregí.

—Melissa... tú tienes la culpa de todo esto, ¡hija de puta! —habló Domani con voz baja.

—No insultes a mi mamá, Domani, porque todavía no puse a la tuya en la conversación. —avisé—. La culpa de todo esto es tuya, porque eres un bandido cretino y cobarde que tuvo valor de robarles a sus propios hijos. ¿Sabes qué creo, Domani? Creo que deberías tener vergüenza. Pero no la tienes, ¿eh? Mira nada más, te voy a dar un aviso, recupérate en paz y vuelve a la cárcel, cumple tu condena tranquilito y olvídate de que conoces a alguien aquí afuera. Eso si quieres tener una vida larga y saludable.

—¡Te odio, Melissa! —gruñó.

—Pero ni me importa, no quiero que me quieras. Solo no voy a tolerar que sigas amenazándome. No tuve miedo cuando estabas libre, no tengo miedo ahora que estás preso. —avisé.

—¿Puedo quitar los puntos, loca? Me encanta quitar puntos. —Sandra me miró con un brillo de alegría.

—Ah, tal vez algunos puntos puedan reventarse. —sugerí.

—Los del trasero pueden reventarse con una flatulencia más potente. —sugirió Douglas.

—¡No, por amor de Dios, no toques ahí! —suplicó Domani y pronto la mano de Sandra ya estaba cubriendo su boca y ella estaba metiendo el dedo en el hombro donde tenía una secuencia de puntos.

—Mira nada más, señor, no queremos hacer esto, pero sabemos que la gente aprende por el dolor y necesitamos enseñarte a no tratar de abusar de jovencitas indefensas y a no amenazar a la gente. Necesitas aprender a ser bueno, ¿entendiste? —habló Sandra con aires profesorales y cuando soltó a Domani él estaba sin aire.

—Entendí, entendí. No voy a meterme con nadie más, lo juro, especialmente contigo, Melissa, me voy a mantener lejos, ni te vas a acordar de que existo. —se apresuró a decir Domani.

—¡Listo! Creo que fue sincero. No vamos a necesitar la flatulencia más potente. —le sonreí—. Aviso dado, Domani. ¡No te metas conmigo otra vez! Vamos, feroces. —sonreí y salimos del cuarto.

Agradecí rápidamente a Renatita y Breno y corrimos a los ascensores, donde encontramos a los guardias de la cárcel que estaban volviendo del café. Pero no encontramos solo a ellos, había más gente en ese ascensor, Fernando y el tío Álvaro me miraban serios. Estaba en problemas, definitivamente.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)