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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1163

"Fernando"

Cuando vi que mi tío y mi papá se dirigían hacia el escenario sentí un frío en el estómago, había llegado el momento oficial de la transición, un momento que nunca había imaginado que viviría hasta venir a este hospital, y aun estando aquí, esto todavía parecía algo distante.

—¡Señoras y señores, buenas noches! —Mi tío subió al escenario, con mi papá a su lado y comenzó a hablar—. Es una gran noche para el Hospital Santé, que recibe a ustedes, amigos, patrocinadores, colaboradores. Pero es una noche de mucho orgullo para la familia Molina. Hoy pasamos la estafeta a dos jóvenes extraordinarios que ya llegaron a este hospital trayendo un proyecto audaz y tan necesario. Fernando y Vinícius, por favor, vengan acá. Melissa, Ivy, por favor, ustedes dos también, porque los grandes hombres siempre tienen grandes mujeres a su lado.

Vinícius y yo nos miramos, tomamos las manos de nuestras chicas y fuimos hacia el escenario. Mi tío hizo un discurso emocionante sobre la importancia de los cuidados para las personas con demencia y enfermedades degenerativas. E hizo un discurso emocionado sobre cuánto se enorgullecía de mí y de Vinícius y cuánto creía que podríamos contribuir para que el hospital continuara tratando a los pacientes con lo mejor de la ciencia y lo mejor del ser humano, tratamiento de punta y humanizado, eso era lo que Vinícius y yo asumíamos como meta de siempre mantener y mejorar.

Vinícius y yo hablamos brevemente sobre la necesidad de asumir nuestra responsabilidad social, cumplir nuestro papel y aceptar el legado, así como de lo importante que era acoger, ayudar y ofrecer dignidad en los momentos más sensibles.

—Y además de agradecer a todos ustedes, que se dispusieron a compartir con nosotros este momento y apoyar nuestra causa, quiero agradecer a mi tío y a mi papá, por haber sido pacientes y esperado a que me sintiera listo para estar aquí. Y agradecer a mi esposa, que siempre creyó en mí, me apoya incondicionalmente y me ama, incluso cuando hasta yo me odiaría. —Miré a Melissa, que estaba sonriéndome y mirándome con admiración y respeto. Esa mirada era lo que me garantizaba que era un hombre en el camino correcto.

Después de los discursos, firmamos los documentos que formalizaban nuestra investidura en los cargos de la dirección del hospital y a partir de ese momento Vinícius y yo estábamos al mando de ese barco. Cuando salimos del escenario, vi a Boris a cierta distancia y quería hablar con él. Entonces jalé a Melissa conmigo y fui en su dirección.

—¡Ah, el hombre del año! —Boris me abrazó, en los últimos meses nos habíamos acercado bastante.

—Pensé que no vendrías. —Comenté.

—¡No me perdería tu momento de gloria! —Sonrió—. Si no fuera por ti y tu familia Fernando, esa farmacéutica habría quebrado. Pero ustedes declararon públicamente el apoyo a nosotros, a la nueva gestión, y eso hizo toda la diferencia para conseguir poner las cosas en orden otra vez.

—Qué va, Boris, ustedes son muy competentes. Y cambiar el nombre a Farmacéutica Vitae también contribuyó, desvincularse de ese hombre, ya que ninguno de ustedes usa el apellido de todas formas. —Comenté.

—Todos nosotros quitamos ese apellido de nuestros registros. —Boris confirmó—. Pero ¿y tú, Melissa?, ¿realmente no quieres una indemnización por el anticonceptivo que se reveló como un tratamiento de fertilidad muy eficaz?

—¡Ah, Boris, todavía divirtiéndote con mi suerte! —Melissa sonrió.

—Ay, príncipe, a veces eres más lento que Martínez. —Meneó la cabeza—. ¿Todavía no te das cuenta de que ya estás por tu cuenta desde hace mucho tiempo? ¿O no te diste cuenta de que el tío Álvaro viene al hospital solo una vez por semana y a veces ni se ven? Y eso desde que llevamos a Leona a casa. ¿Hace cuánto tiempo que no se reúnen para discutir los asuntos del hospital? Si no me equivoco ya han sido como seis meses. Príncipe, es tan natural para ti administrar ese hospital que ni te diste cuenta de que ya lo estás haciendo solo desde hace tiempo.

—Ahora que lo dices... —Pensé por un momento y comprendí lo que mi tío había hecho. Fue como cuando aprendí a andar en bicicleta, mi papá quitó las rueditas de entrenamiento y dijo que estaría sosteniendo atrás y cuando me soltó anduve por metros sin darme cuenta de que me había soltado.

—Fernando, cree más en ti, ¡porque eres increíble! ¿O crees que si no fuera así te habría volteado a ver? —Me preguntó con esa manera tan Melissa de ser y empecé a reírme.

—Ven acá. —La jalé más cerca y la besé—. ¡Te amo, Melissa!

—¡Te amo, Fernando! Ahora llévame a casa que hoy voy a hacer la pose sesenta y tres. —Me recordó que los niños estaban todos en la guardería que Catarina improvisó en su casa con todas las niñeras.

—¡Agárrate, abejita! —Le guiñé el ojo, me puse el cinturón y encendí el auto. Estaba cansado, pero nunca estaba cansado para ella.

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