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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1189

"Hana"

Rafael había sido tan especial conmigo en los últimos días que ya casi estaba bajando completamente la guardia. Después de que nos bañamos pidió comida y comimos sentados en la alfombra de la sala mientras me hacía reír contando cosas al azar y raras que pasaban en el bar. Y después de eso, me besó y tocó todo mi cuerpo ahí sobre la alfombra de la sala, como si quisiera hacerme sentir que me estaba venerando.

Nos quedamos enredados el uno en el otro toda la tarde y cuando nos dimos cuenta de la hora, ya era tarde para que regresara a casa de Catarina, afortunadamente había olvidado mi vestido en casa, entonces pude arreglarme para la boda en casa y después fuimos al departamento de Rafael para que él se arreglara.

La verdad era que tenía miedo de quedarme sola y que algún amiguito de Federico apareciera para hacer lo que había prometido hacerme. Logramos llegar a tiempo a la boda y la ceremonia fue realmente hermosa. Melissa se merecía todo ese sueño que se realizaba en su vida, era una de esas personas raras, que se preocupa por el otro.

La fiesta estaba hermosa y súper animada, pero yo estaba interesada en lo guapo que estaba Rafael en un traje completo, repartiendo simpatía y sonrisas por el salón. Le había dicho que se despegara, que no éramos novios, solo se rió, pero se quedó cerca. Pero me volteé dos segundos solo para abrazar a Adele, cuando lo miré otra vez, estaba rodeado por dos chicas ofrecidas que le estaban rogando que fuera a bailar con ellas.

Me crucé de brazos y me quedé observando, estaba sonriéndoles a las dos ofrecidas insistentes, no iba a bailar, pero tampoco decía que no. ¿Qué estaba pensando? Bueno, está bien que no éramos novios, ¡pero había tenido sexo conmigo en la tarde en la alfombra de mi sala! Las chicas siguieron insistiendo, hasta que una se colgó de su brazo y para mí eso fue el límite, ¡porque sí, me dio celos!

—¡Ay, mira esa mosquita muerta, Hana! ¿Vas a dejar que le ponga las manos a tu guapetón así? —susurró Adele en mi oído.

—Él no es mi novio. —respondí tratando de tragar esos celos que querían salir y transformarme en uno de esos villanos demoníacos de las series animadas que se transforman y se vuelven más fuertes y empiezan una destrucción masiva, pero no podía hacer un escándalo en la boda de Melissa.

—¡Sí, claro! —se rió Adele—. ¡Ay, para, Hana! No necesita ser tu novio, pero es el guapetón con quien te estás acostando... ¡y mucho! Ahora ve allá y muéstrales a las dos ofrecidas que esa delicia tiene collarita con el nombre de la dueña en la plaquita.

Empecé a reírme, Adele no tenía mucho filtro y decía lo que tenía en la cabeza, principalmente si era algo de contenido depravado.

—¡Ve, mujer! —habló más alto y me dio un empujoncito, pero me volteé hacia ella como pidiendo una idea, porque no sabía qué hacer—. ¡Ay, Hana! Mira, ¿ves el baño? —señaló la puerta por donde salía una señora—. Voy a vaciarlo para ti. Solo tomas la mano de tu psicópata guapo y lo arrastras hasta allá, después, mi linda, allá adentro, le muestras que tiene una razón para no querer bailar ni darle atención a ninguna otra mujer. ¿Entendiste, Hana?

—Eh... ¡creo que sí!

—Ven acá, te voy a dar una idea. —Adele empezó a hablar en mi oído lo que creía que debería hacer y yo levantaba las cejas hasta la raíz del cabello con lo que decía—. Ahora ve, haz eso, ¡ese hombre se va a pegar a ti! Aunque no sea tu novio. —se rió y fue hacia el baño, aún la vi interceptando a un grupo de mujeres y señalando hacia el baño del otro lado del salón.

Me volteé y las dos chicas de antes se habían multiplicado y ahora eran cinco, todas tratando de colgarse de mi psicópata guapo. ¡Pero era mucha osadía! Me molesté y dejé que esos celitos me transformaran un poco, me acerqué, me paré frente a Rafael y moví la cabeza, me miró apenado y perdí la paciencia.

—¡Muy bien, ya basta! —hablé con voz alta y firme—. ¡Circulando, pesadas! ¡Y tú, ven conmigo! —tomé la mano de Rafael e hice exactamente lo que sugirió Adele. Mientras las chicas se quedaron mirándome y quejándose, él salió de en medio de ellas y me siguió muy obediente y sin quejarse, con una sonrisita presumida en los labios.

Adele me guiñó el ojo cuando pasamos por ella y empujé a Rafael dentro del baño y cerré la puerta con seguro. No iba a retroceder, la idea de Adele era loca, pero no más loca que bailar sin calzones y con un microvestido en un bar lleno.

—¿Te dieron celos, mi loquita? —preguntó y vino sosteniendo mi cara para besarme.

—¿Celos? No, psicópata, ¡no necesito tener celos! Me las arreglo sola. Solo necesito recordarte que ninguna mujer normalita te va a poner como yo te pongo. —puse el dedo índice de la mano derecha apuntando a su pecho y lo empujé contra la pared.

—¿Y cómo me pones, mi loquita? —sonrió, se estaba divirtiendo, los ojos pegados en mí y las manos en mi cintura.

PAREJA 7- Capítulo 25: Lo que pasó en la boda 1

PAREJA 7- Capítulo 25: Lo que pasó en la boda 2

PAREJA 7- Capítulo 25: Lo que pasó en la boda 3

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