Entrar Via

Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1190

"Hana"

Desperté al día siguiente en la cama de Rafael, pero esta vez él no estaba ahí a mi lado, me pareció extraño, era la primera vez que despertaba sola habiendo dormido con él. Fui al baño y me miré en el espejo, mis ojos estaban brillantes y mi maquillaje corrido, porque no dio tiempo de quitarme el maquillaje la noche anterior y cuando tuve tiempo ya estaba en un estado de semiconsciencia. Me aseé rápidamente, me puse su camisa que estaba tirada sobre el banco a los pies de la cama y fui a buscarlo.

Pero antes de que saliera del pasillo hacia la sala escuché el golpe y su voz áspera, lo que me asustó mucho.

—¡Joder, Giovana! ¡Te avisé, niña! —habló alto, su voz goteando rabia. Nunca lo había visto así y por lo que pude ver, el golpe que había escuchado fue un puñetazo que dio sobre la mesa que hizo saltar los adornos—. Escucha bien, Giovana, ¡no admito esto! ¡Cállate y escucha! ¡No juegas conmigo, niña! —hizo una breve pausa y, con la voz llena de rabia habló aún más alto—. Te vas a subir al maldito avión con tu madre y te vas con ella hasta el infierno si quiere, solo no me hagas ir hasta allá, Giovana, ¡porque me conoces!

No necesitaba escuchar más, si le gritaba y amenazaba así a su propia hija, mi sexto sentido no estaba equivocado, tenía que huir de él. Regresé rápido al cuarto, me quité su camisa y la doblé junto con el resto de la ropa, para que no se diera cuenta de que me la había puesto. Entonces tomé mi vestido y mi bolsa, mis calzones no los encontré por ningún lado, pero no tenía tiempo, corrí al baño y cuando él entró, parecía otra persona, parecía que no había pasado nada. Estaba todo tranquilo y cariñoso.

—¡Despertaste! Pensé que lograría despertarte con besos. —habló en mi oído y me esforcé por sonreír y no llorar.

—Sí, mi tío me llamó, me pidió que fuera a su casa. No pude negarme. —respondí mientras luchaba con el cierre del vestido que me quitó de la mano y terminó de subir.

—¿Estás huyendo de mí otra vez, loquita? —me miró por el reflejo en el espejo y sonrió, entonces me di cuenta de su broma que era la pura verdad. Pero él no se dio cuenta. Me dio un beso en la mejilla y se recargó en el lavabo—. Yo también tengo que ir al bar. Voy a bañarme y te dejo en casa de tu tío.

—¡No hace falta! —me apresuré a decir, pero respiré profundo, no quería molestarlo, necesitaba salir de ahí—. Mira, tomo un taxi, voy a casa a cambiarme de ropa y después voy en mi carro a casa de mi tío.

—No, mi loquita, mejor no andar sola por ahí. —sugirió y por más miedo que le tuviera a Federico, también le tenía miedo a él.

—Están las patrullas, no hay peligro, ya hasta llamé al taxi. Y, por cierto, ya llegó. —mostré la pantalla del celular—. Tú tienes tus compromisos también, ve a ver tu negocio y yo voy a ver a mi tío. Más tarde nos vemos.

Me miró por un momento, parecía reacio. Respiró profundo y se dio por vencido.

—¡Está bien! Llámame, te busco en casa. —dio una sonrisa que no llegó a los ojos—. ¿Quieres que te lleve abajo?

—No hace falta, mi tío me puso hora, parece importante, por eso tengo prisa. Nos vemos después. —le di un beso rápido y salí corriendo sin voltear atrás porque las lágrimas ya estaban cayendo por mi cara.

—¡Ay, tía! —la abracé y me apretó.

Era una mujer intrigante para mí, con una capacidad de amar infinita. Era una madre amorosa, una esposa dedicada y fue la más amorosa y cuidadosa conmigo desde que me conoció, me cuidó cuando salí del hospital y cuando aún estaba ahí se quedó a mi lado sosteniendo mi mano. Cuando decidí irme a vivir sola me apoyó, pero lloró como si fuera su hija cuando me fui de su casa. Necesitaba venir a visitarla más seguido.

—¿Sabías que estoy usando esas ropitas cortas que me das? —hablé y me miró con una sonrisa.

—¡AAAAHHH! ¡No lo creo! —habló así, llena de emoción, ¡como una adolescente!—. ¿Hay fotos? Por favor, ¡necesito verlas!

—¡Sí hay fotos! Te las voy a mostrar. —la miré y pensé que era bueno que mi tío no estuviera, la tía Luana me daría buenos consejos, me hacía sentir amada y sabía que solo quería lo mejor para mí.

—Ven, vamos a entrar y conversar, quiero saber todo sobre el dueño del bar guapetón del que me habló tu tío y que vi contigo ayer. Y ni pienses en salir corriendo, vas a almorzar con nosotros y pasar el día aquí. Porque de una cosa estoy segura, si no estás con ese guapetón es porque pasó algo. ¡Ven! —la tía Luana podía ser medio loca y parecer medio despistada a primera vista, pero se daba cuenta de las cosas más que la mayoría de las personas.

—¡Necesito consejos, tía! —me quejé y me abrazó y me llevó adentro de la casa.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)