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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1193

"Rafael"

Hana estaba cediendo, aún no confiaba totalmente, aún no había tomado una decisión, aún tenía miedo, pero estaba cediendo. Logré mantenerla en mi casa por dos noches, pero el viernes se las arregló para escaparse, con la excusa de que estaba cansada y que había prometido pasar el sábado con sus tíos.

Terminé cediendo, el fin de semana siempre era de mucho movimiento en el bar y tenía bastante trabajo, además la semana fue muy cansada con el problema de mi hija. Giovana estaba siendo irritante y Raíssa estaba cansada, vigilando a su hija incesantemente, pero aún no podían salir de Irlanda, el abogado pidió unos días más.

Si no fuera por el problema con Domani ya habría ido hasta allá. Hasta le dije a Raíssa que pusiera a Giovana en un avión de regreso conmigo, pero nos dio miedo de que desapareciera en la conexión y creímos mejor que no viajara sola. La solución era que Raíssa estuviera veinticuatro horas vigilando. No entendía qué había pasado con mi hija, era rebelde, pero estaba imposible desde que hizo esas amistades en Irlanda y me estaba dando cuenta de que Raíssa no podría controlarla sola.

Y con toda esa confusión pasé el domingo entero al teléfono tratando de contener la rebeldía desmedida e irracional de mi hija. También necesité ir a casa de la madre de Raíssa, pues estaba nerviosa y preocupada y lo mínimo que podía hacer para ayudar era tratar de calmar a la abuela de mi hija. Y el domingo pasó sin que lograra ir hasta Hana otra vez. Y por supuesto que ella no vendría hasta mí.

Estaba tan cansado que salí más temprano del bar y me fui a casa, necesitaba dormir, pero no dormí tan bien como dormía abrazando a mi loquita, sintiendo el calor de su cuerpo. Entonces, cuando amaneció el día, como no servía de nada ir por ella, porque tenía que trabajar, decidí salir a correr en vez de quedarme rodando en la cama. Cuando regresé de mi carrera y me quité la ropa para bañarme, recordé las palabras de Adele muchos días atrás, sugiriendo que le mandara una de mis fotos creativas a Hana.

Me miré en el espejo, el sudor corriendo por mi cuerpo, tal vez eso rendiría una foto bien creativa que pusiera a Hana animada para verme en la noche. Me quedé solo en bóxers, apoyé el celular en el lavabo del baño e hice la pose, una mano atrás de la cabeza y la otra en los bóxers, bien al frente, con el pulgar por dentro del elástico jalando los bóxers hacia abajo, mostrando casi demasiado, miré a la cámara y sonreí, recordando el showecito que hizo para mí en la silla de mi oficina y mi sonrisa se hizo aún mayor y mis ojos se cerraron en el momento que el temporizador de la cámara del celular dio el tiempo y la foto se tomó.

Tomé el celular para mirar y me gustó el resultado, entonces escribí el mensaje "estoy pensando en ti" y lo envié con la foto. Me bañé, me puse un pantalón de sudadera y una camiseta y fui en busca de una taza de café. El día fue pasando perezoso, mientras trabajaba en la laptop. Comí algo rápido a la hora del almuerzo y me sumergí otra vez en el trabajo, pensando en buscar a Hana en el trabajo al final del día.

A media tarde, estaba leyendo y respondiendo algunos correos cuando sonó el timbre. No esperaba a nadie y no tenía ninguna visita preaprobada en el condominio, lo que me recordó que debería dejar liberada la entrada de Hana. Lo haría más tarde. Pero no dio tiempo, miré por la mirilla y esa bajita loca estaba parada afuera. Abrí una sonrisa y la puerta, la agarré por la cintura y le di un beso en la boca. Me moría de ganas de ella.

—¡Viniste! —comenté con sorpresa. Estaba sonriéndome.

—¿Cómo no iba a venir, después de esa foto? Pero estoy decepcionada, pensé que te encontraría todo sudado y en bóxers. —bromeó y me hizo reír mientras caminaba hasta el sofá con ella colgada de mí.

—Eso fue en la mañana, mi flor. Ahora estoy oliendo rico, huele. —ladee la cabeza para que sintiera mi perfume y esa loquita hermosa no solo me olió sino que me lamió y me dio una mordida y un chupetón en el cuello, dejándome todo erizado—. ¡Hummm! ¡Me gustó! Creo que voy a querer uno del otro lado también.

—¡Estoy marcando lo que es mío! —habló toda confiada.

—Más vale, el fin de semana había unas chicas bien ofrecidas allá en el bar. —bromeé y me miró toda molestita.

—Escucha bien, psicópata, aún estoy tomando una decisión, pero prometiste que no te ibas a rendir. Dijiste que vendrías por mí siempre que huyera. —habló con la frente pegada a la mía y los ojitos cerrados.

—¡Ven acá! —la jalé otra vez a mi regazo y le di un beso en la parte alta de sus senos, que se proyectaban hermosamente en el escote—. Estaba pensando en cogerte locamente en la playa, después de que te liberaras de esa cosa horrible que vas a quemar, para celebrar que solo quedaron en tu clóset esos vestiditos indecentes y tu ropa de trabajo, que es elegante, hermosa y sexy.

—¿En la playa? ¿En público, psicópata? —me provocó y me reí.

—Parece que a mi chica le gusta correr el riesgo de que la agarren en flagrante. —bromeé.

—No me gusta correr el riesgo de que me agarren en flagrante, solo pierdo la noción de ese riesgo cuando estás agarrado a mí. —confesó y me sentí victorioso con eso—. Pero me gustó la idea, la semana pasada lo planeamos y no fuimos.

—Y no fuimos porque eres una calenturienta pervertida, que me andas seduciendo y me haces olvidar las cosas. Pero hoy vamos, tu bolsa con tu bikini está allá en el clóset. —ofrecí y sonrió.

—Está bien, ¡quiero ir! Voy a ponerme el bikini, pero voy a hacerlo encerrada en el baño para no correr el riesgo de que me agarres, olvides lo que íbamos a hacer y después andes diciendo que yo te ando seduciendo. —estuvo de acuerdo, salió de mi regazo y me jaló de la mano hasta el clóset.

Cuando salió del baño yo estaba listo esperándola en el cuarto. Tenía un brillo hermoso en los ojos y la admiré por un momento, estaba viendo que la confianza empezaba a brotar en su corazón y eso me llenaba de esperanza. Pero cuando me tomó de la mano otra vez, sonriendo y jalándome hacia la puerta, necesité controlarme mucho para no agarrarla y llevarla a la cama, porque era demasiado hermosa, pero cuando sonreía me hacía perder el juicio.

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