"Hana"
Estaba conversando con Fernando y explicando lo que había pasado, cuando el Dr. Molina apareció todo alborotado contando que Domani y Federico estaban internados en el hospital.
Dicen que existe la tal memoria muscular, cuando los músculos memorizan movimientos y facilitan las repeticiones, pero yo creía que mi cuerpo tenía memoria muscular, esquelética, en fin, cada fibra de mi cuerpo tenía una memoria que creía que nunca se perdería, la memoria del dolor de todo lo que Federico me hizo, porque la simple mención de su nombre me hacía sentir dolor y temblar de miedo.
Dicen que necesitamos exorcizar nuestros fantasmas, enfrentar lo que tememos para liberarnos, pero no sabía si algún día lograría enfrentar eso, si lograría liberarme de ese miedo. Y me habría quedado bien calladita en mi rincón si Melissa no me hubiera llamado y cuando vi su nombre en la pantalla de mi celular, ya sabía lo que quería, entonces disimulé para que mi brutote no se diera cuenta.
—¿Aló? —contesté como si ni supiera quién era. Fingiría que era cualquier telemarketing.
—Colita. ¿Estás bien? —Melissa ya fue preguntando algo agitada.
—Sí. ¿En qué puedo ayudarla? —hablé con la voz bien formal, Melissa era lista, entendería que no podía hablar abiertamente.
—¡Ay, hay moros en la costa! —se rió, ¡era lista de verdad!—. Colita, ya sé que Domani y Federico están en el hospital y voy en camino, porque claro que no voy a perder esta oportunidad de dar un recado. Y vienes conmigo, a poner a ese cobarde de Federico en su lugar.
—¿Y qué necesito hacer para recibir ese obsequio? —pregunté y se rió.
—Te libras de quien sea que esté pisándote los talones y averiguas en qué piso y los cuartos donde están los dos cobardones. Voy a necesitar ser rápida, porque estoy segura de que tan pronto como entre le van a avisar a Nando y voy a tener poco tiempo hasta que termine con mi fiestecita.
—Entiendo. Sí tengo interés, puede mandarme la propuesta. —respondí y las risas de Melissa casi me hicieron reír también.
—Mándame por mensaje el piso y espérame frente al elevador. ¡Hoy quienes vamos a sembrar el terror en esos dos somos nosotras, colita! —Melissa estaba confiada y eso significaba que sabía qué hacer. Solo confiaba en ella.
—Correcto. Voy a esperar entonces. ¡Gracias! —me despedí y se rió antes de colgar el teléfono.
Verifiqué en el sistema y encontré a los dos cobardones como dijo Melissa, le envié el mensaje y solo faltaba librarme del brutote, porque Melissa me informó que ya estaba llegando. Pensé por un momento y recordé mi pequeño cuartito de suministros, ahí en el rincón, lo suficientemente distante de la oficina de Fernando. Entonces tomé la llave y fui hasta allá, era hora de ser una buena actriz.
—¡Rubén! —grité desde dentro del cuartito de suministros. Ya había escondido la escalerilla y estaba en puntitas cuando Rubén entró.
—¿Necesitas ayuda, pequeña? —me preguntó todo gentil, era tan buena onda, me caía bien, lástima que estaba confabulando con el psicópata.
—Necesito esa caja de allá arriba y no sé dónde fue a parar mi escalera. ¿Me la bajas, por favor? —pedí, con cara de perrito triste y sonrió.
—¡Claro! ¡Con permiso! —entró y se estiró, era alto, no haría mucho esfuerzo, entonces tenía que ser lista—. ¿Esta, pequeña?
—Sí, por favor. —respondí y, mientras estaba de espaldas, salí y cerré la puerta con llave.
—¿Algún problema? —Fernando lo miró.
—Sí, Hana fue agredida aquí en el estacionamiento. Fue coaccionada por el agresor bajo los ojos de un guardia y no hizo nada. —contó Rafael y miré a Rubén, que había acordado no contarle a nadie que había sido agredida en el hospital.
—¿Pero Hana no fue agarrada cuando llegaba a casa? —Fernando me miró y después miró a Rubén.
—Ah, ¿dije cuando llegaba? Me confundí, perdón, era cuando salía de aquí para ir a casa. —Rubén vino en mi rescate y me miró como diciendo, lo intenté.
—¡Rafael, no metas eso! —pedí, pero fue en vano.
—Ah, sí meto, Hana, sí meto, porque fuiste agredida y casi secuestrada, ¿ya pensaste si le pasa a otra mujer? ¿Ya pensaste si no hubiera llegado? La seguridad del hospital falló, Hana, ¡y Fernando merece saber! —Rafael me miró bastante serio y después le contó todo a quien estaba ahí.
Fernando parecía exhausto y preocupado, pero le prometió a Rafael que tomaría medidas urgentes para que aquello nunca más pasara. Después de eso Rafael tomó mi mano y salió jalándome fuera del hospital. Después de que me subió a su camioneta y se sentó a mi lado me miró.
—Ahora, mi loquita, te voy a llevar a casa y vas a tener que calmarme, ¡porque estoy furioso con tu falta de sentido común!
Me miró con los ojos intensos y quería argumentar, pero era mejor que pensara en una manera de calmarlo rápido. Entonces me encogí en el asiento y me quedé bien calladita pensando en maneras de amansar a mi psicópata.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....