"Rafael"
No estaba realmente furioso con Hana, me enojé cuando Rubén me llamó, pero después de escuchar lo que hicieron y saber que los guardias de Melissa estaban con ellas, me calmé. Sin embargo, seguiría fingiendo que estaba enojado solo para ver cómo mi loquita me iba a calmar.
Mi celular sonó mientras esperábamos el elevador y tuve que alejarme para contestar. Era la madre de Raíssa, pero no tardó en la llamada, solo quería decirme que su hija que vivía en Australia iba para Irlanda a estar con Raíssa y tratar de calmar a Giovana. Eso era una excelente noticia, Raíssa realmente necesitaba a alguien.
Pero cuando me acerqué otra vez a Hana y Rubén, me detuve para escuchar su conversadita y no sabía si reírme o enojarme.
—Ay, pequeña, no necesitabas haberme encerrado en el armario, si me hubieras dicho lo que estaba pasando, las habría ayudado. —se quejó Rubén bajito, casi como si fuera un secreto, y Hana se quitó los lentes para mirarlo.
—Brutote, aún no sé si confío en ti para tanto. —respondió Hana bajito.
—¡Qué eso, pequeña, soy tu fan! ¡Ay! Llegaste toda bravucona y sacaste al jefe de las noches traicioneras, acabaste con esa soledad triste y fría de él. ¡Te considero mucho, pequeña! —Rubén le pasó el brazo por los hombros a Hana.
—Me caes bien, brutote, pero tienes que demostrarme que puedo confiar. Además, mira lo que hiciste, le llamaste a mi psicogato, solo porque te encerré en mi cuartito de suministros. —se quejó Hana.
—Ah, pequeña, fue una medida desesperada. Anda, ¿me das un voto de confianza? —pidió Rubén.
—Si te hubiera pedido, ¿de verdad habrías venido conmigo y me habrías ayudado? —preguntó Hana una vez más, como si estudiara la actitud de Rubén.
—Ay, pequeña, te lo estoy diciendo. ¡Estoy contigo! —confirmó Rubén y tendría que tener una conversadita muy seria con él.
—Está bien, mañana entonces a lo mejor le damos un susto al marido de mi madre. Esa puede ser tu prueba de confianza. —sugirió Hana y ahí ya era demasiado para mí.
—¿Hacer qué con quién, mi loquita? —pregunté parado detrás de los dos.
—¡Un tour por el hospital, psicópata! Rubén quiere ver mejor las rutas de acceso. —disimulo Hana y miré a Rubén que sonrió como si no le estuviera dando cuerda a mi loquita. Pero el descarado tampoco quitó el brazo del hombro de ella.
—Rubén, ¿acaso quieres perder ese brazo? —lo miré y su sonrisa se hizo más grande.
—Ah, qué eso, jefe, le dejé la manita de este lado para que usted la agarrara. —Rubén era un descarado y Hana no se quedaba atrás.
—Sí, psicogato, ven acá, ¡"toma la mano y asume"! —levantó las cejas como desafiándome.
—¡De verdad está bien loca, eh! —la jalé por la cintura y chocó contra mi pecho de frente a mí—. ¿Olvidaste que eres tú la que anda ahí en ese llueve pero no moja, loquita? —bajé la voz para hablar en su oído—. Parece que quieres darlo y tienes miedo de que duela, pero sabes que conmigo no duele, conmigo es delicioso, ojitos volteándose, boquita gimiendo... —quería provocarla, mientras más la provocara, más loca estaría cuando llegáramos a casa.
—¡Eres un psicópata calentón! —susurró en mi oreja y me mordió la punta que sentí directo en mi entrepierna.
En el camino a casa Rubén y Hana engancharon conversaciones al azar y él la hacía reír mucho, lo que me parecía excelente, porque adoraba verla sonreír y creía que se reía muy poco. Su risita tenía un sonido tan rico, era como pequeñas campanitas balanceándose al viento. También me gustaba que se llevaran bien, confiaba en él para cuidarla y si ella confiaba en él eso facilitaría mucho y evitaría que hiciera lo que hizo, librarse de él.
Nos despedimos de Rubén en la portería del edificio y llevé a Hana a mi departamento. Entró medio desconfiada, cerré la puerta y fui a sentarme al sofá. Me estaba mirando como si evaluara la situación. Entonces se armó de valor.
—¿Estás enojado? —preguntó.
—Enojado no, mi loquita, furioso fue la palabra que usé. Y después de agarrarte a ti y a mi jefe de seguridad confabulando contra tu seguridad, creo que necesitarás ser muy, muy creativa para calmarme. —respondí y observé mientras daba un paso a la vez en mi dirección.
—Creativa, ¿cuánto? —preguntó y se detuvo en medio de la sala.
—Creativa como cuando hiciste tu showecito sexy en mi oficina, creativa como en el baño en la fiesta de boda, creativa, ¡bien creativa! —la provoqué y sonrió.
—Estoy lastimada. —señaló su cara y casi me levanté y la puse en mi regazo para mimarla, pero quería jugar con ella.
—¡No te acordaste de eso cuando abrazaste el peligro hoy! —respondí, controlándome para no levantarme y abrazarla.
—¡Tal vez tenga un as bajo la manga! —me abrió una sonrisita pícara.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....