"Giovana"
Miré hacia la puerta y Rubens se había detenido a dos pasos de ella, de la misma manera que se quedaba en el bar de mi papá, piernas abiertas, manos juntas al frente del cuerpo, cara de pocos amigos. Siempre era gentil conmigo cuando iba al bar con mi papá y sonreía y cuando sonreía parecía la persona más divertida del mundo. Pero ahora no estaba sonriendo.
—¡Rubens! —lo llamé y se volteó en mi dirección, sin sonreír, solo con esa seriedad. Tampoco dijo nada, solo me miró y esperó—. ¿Estás saliendo con mi tía?
—Nos estamos conociendo —habló simplemente, sin ninguna sonrisa o bromita que hacía siempre y ya estaba volviendo a su posición.
—¡Rubens! —lo llamé de nuevo y me miró otra vez—. Mi tía es muy linda.
—Sí, ¡lo es! —habló una vez más de forma mecánica y volvió a su posición.
—¡Rubens! —se volteó hacia mí, pero esta vez puso la cabeza de lado—. ¿Es verdad que el papá de Anderson murió y él trabaja para ayudar a la familia?
—¿Quién te contó eso? —preguntó, aún con esa voz mecánica, casi sin vida, sin entonación ninguna.
—Anderson —respondí y levantó las cejas demostrando sorpresa.
—¡Curioso! El chico no suele hablar de eso —tuve la impresión de que Rubens no habló conmigo—. ¡Es verdad! Ese chico es muy responsable y carga un peso muy grande, pero es un hijo amoroso, gentil y se preocupa por la familia.
—Lo llamas chico. ¿No le importa? —me dio gracia.
—¿Por qué le importaría? ¡Es un chico! Tiene edad para ser mi hijo. Es una forma cariñosa, Giovana —explicó con la misma seriedad.
—¿Tienes hijos? —nunca había preguntado nada de su vida personal.
—No, ¡no tengo! —respondió, aún seco y sin humor y volvió a su pose de seguridad.
—¡Rubens! —lo llamé una vez más y se volteó, entonces me acerqué—. ¡Discúlpame! Desquite contigo, que no tienes nada que ver con lo que está pasando —di una sonrisa sin gracia—. ¿Puedes volver a tratarme como antes? Me gusta más el Rubens que sonríe.
Era una disculpa sincera, porque realmente no me gustaba lo que estaba pasando, no me gustaba ese Rubens distante, así como estaba sufriendo porque Melissa dejó de ser mi amiga. No quería perder a las personas que me gustaban, solo quería que me entendieran, como Hana me entendió hoy y ni sé cómo lo logró, no esperaba que justamente ella supiera cómo me sentía.
—Giovana, ¿puedo decirte algo? ¿Sin que grites, pelees o hagas una tormenta? —preguntó e hice que sí—. Mira, tengo cuarenta y cinco años, casi tres veces tu edad, ya vi muchas cosas en la vida. Ya vi jóvenes como Anderson perderse y no tener una segunda oportunidad. Ya vi chicas como tú caer en mala suerte porque no aceptaron consejos de quien ya vivió más, chicas como Hana, que cayeron en manos de bandidos, agresores, la peor escoria, y no tuvieron la protección y el amor que tú tienes aquí. La misma Hana, casi muere y a la mamá no le importó, su suerte fue que tiene un tío que se preocupó por ella o estaría muerta. Tú tienes papás amorosos, una tía que te adora, Hana que es una persona muy especial, me tienes a mí que voy a protegerte independientemente de mi vínculo con tu papá. Y me arriesgo a decir que tienes a Anderson. ¿Por qué, Giovana, no pruebas este camino que te estamos ofreciendo? ¡Intenta! Si es tan malo, te sientas con tus papás y conversas, porque es conversando que las cosas se resuelven y no gritando.
Presté atención a cada palabra que Rubens dijo, cada cosa y lo estaba mirando como si todas esas palabras giraran dentro de mi cabeza.
—Pero ¿y si no me escuchan? —pregunté.
—Cuando hablas y argumentas de forma razonable todo el mundo escucha. Los adultos ignoran berrinches y gritos —me miró como si me hubiera contado algo muy importante.
—Rubens, ¿puedo contar contigo? —pregunté y me miró con media sonrisa.
—¡Claro que puedes! —respondió con la voz un poco más suave.
—¿No vas a volver a llamarme niña? —pregunté, mirando al suelo.
—No, ¡ya sé que no te gusta! —respondió simple así.
—No me importa. Es una forma cariñosa, ¿no? —dije sintiendo la vergüenza de haber sido tan cruel con él.
—Sí, es una forma cariñosa, ¡niña! —respondió con esa sonrisa que me gustaba—. Ven acá, dame un abrazo.
Fui hasta él y lo abracé, sentí el cariño en el abrazo que me dio, sentí todo lo que dijo allí, incluso sentí la preocupación. Rubens tenía un abrazo de oso, parecía que envolvía a uno y dejaba calentita y cómoda. Era un abrazo que parecía calmar mis angustias. Cerré mis ojos y apoyé la cabeza en él y sentí su mano hacer una caricia en mi cabeza, igual que mi papá hacía.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....