"Rubens"
¡Ah, pero esa chiquita realmente tenía una manera especial de moverle el piso a la gente! Destrozó a Giovana con sus ideas, con ese descaro de que cuando se le mete algo a la cabeza, va hasta el final. Y la muchacha ya estaba cediendo. Quería contarle esto al jefe, pero sería hasta el día siguiente, porque ahora iba a salir con mi rubia y a disfrutar de cada beso que me diera.
Yo estaba esperando en la sala con Raíssa y apareció Rúbia usando un vestido color ciruela, suelto, con volados, manga larga y por encima de las rodillas. Lo combinó con un cinturón dorado, sandalias negras de tacón, y se veía hermosa, más aún con esa sonrisa.
— Cariñito, ¡estoy lista! Mana, ve a descansar, Gi está en una conversación súper interesante con Anderson, no tienes que preocuparte. ¡Hana la rompió hoy! — Rúbia le dijo a su hermana y yo solo estaba admirando su belleza.
— ¡Ese chico es un regalo del cielo, mana! — Raíssa respiró profundo y sonrió. — Y Hana es muy especial de verdad. — Se levantó y me encaró. — ¡Límpiate la babita que te está escurriendo ahí, Rubens!
— No hay manera de no babear, Raíssa, ¡esta mujer es demasiado linda! — le respondí con mis ojos fijos en Rúbia.
— ¿Tú crees? — Rúbia dio una vueltita y el movimiento de ese vestido me hizo perder la cabeza.
— ¡Demasiado linda! — La jalé por la cintura. — Vamos, rubia, llévame de paseo.
Salimos del apartamento riendo y cuando entramos a mi carro miré a mi rubia, toda linda y sonriente.
— No da tiempo de ir al cine. — Me lamenté por no poder besarla en la oscuridad del cine. — ¿Te molesta si pasamos por mi casa rapidito, solo para que pueda darme una ducha, estar a la altura de esta mujer hermosa y toda perfumada?
— No me molesta, cariñito, podemos pasar por tu casa. Mientras tanto decido a dónde vamos. — Ella asintió, pero yo sospechaba que ya sabía a dónde iríamos.
En mi casa le serví un vino, la dejé a gusto en la sala y fui a ducharme, estaba loco por quitarme el traje. Pero también estaba loco por quitarle ese vestido. Y mientras me quitaba el saco y la corbata, empecé a pensar, ¿qué podía pasar? Que dijera que no y yo paraba y todo bien, solo que también podía decir que sí. El hecho es que yo quería a esa mujer y quería que ella lo supiera.
Volví a la sala y la encontré frente al librero, mirando una foto que estaba en uno de los estantes. Me detuve detrás de ella y la sujeté por la cintura, bien pegada a mi pecho, y deslizando mi otra mano en la parte de atrás de su muslo, haciendo que su vestido subiera, le mordisqueé la oreja. Ella no dijo nada, solo ladeó la cabeza, con una media sonrisa, dándome acceso a su cuello, lo que me pareció perfecto.
La pegué contra el librero, subiendo la mano por su muslo y llevando su vestido hacia arriba. Ella giró su cabeza hacia mí, dándome acceso a su boca deliciosa y empezamos a besarnos, un beso de esos que solo se escucha el ruido de las bocas tocándose, de las lenguas buscándose. Uno de esos besos que no necesita nada más y te da ganas de besar por horas, porque es rico, reconfortante y te calienta. Y después de ese beso, la tomé en mis brazos y la llevé a mi habitación, dejándola en el suelo entre la cama y la puerta, porque ella tenía opción.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....