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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1326

"Hana"

Estaba mirando por la vidradera de la sala de Rafael en el bar. Abajo la banda tocaba animada y el salón estaba lleno, no cabía más nadie ahí, su bar era un éxito.

— ¿Qué pasó, mi loca? — giró Rafael la silla para quedar de frente a mí.

Desde que llegamos estaba trabajando, ocupado con algo sobre bebidas.

— Estoy pensando en todo lo que ha pasado y si algún día las cosas van a calmarse. — respondí aún mirando por la vidradera.

— ¡Las cosas nunca van a calmarse, no con esta familia loca que tenemos! — dio una risita. — ¡Ven acá! — llamó y fui de buen grado a su regazo.

— Sí, pensé que era la única loca, ¡pero ustedes también están un poco locos! Me imagino a Rubia, pobre, deshecha de llorar, desesperada, mientras su mejor amigo y su hermana se emborrachaban en su fiesta. — comencé a reír.

— Ah, yo era un joven idiota. Rai estaba molesta porque había terminado con un noviecito que tenía y nos emborrachamos. Todo estaba listo para que pasara. — dio una risita. — Pero no me arrepiento, ¡Giovana me hizo un hombre mejor!

— ¡Qué lindo! ¡Suerte la mía! — sonreí y pasé la mano por su rostro. — ¿Rubia va a dejar de intentar huir?

— No sé. Espero que lo haga. — me dio un beso en la frente.

— ¿Y me vas a contar la historia de Rubens? — pregunté porque me estaba comiendo la curiosidad.

— No, por la misma razón que tú no me cuentas las conversaciones que tienes con Giovana. Es su historia, él tiene que contarla. Pero apuesto que mañana será la pauta del desayuno o del almuerzo, del mismo modo que lo hace Giovana. — habló e hizo que riera.

— Psicogato, ¿realmente crees que Gi va a esperar hasta los dieciocho para avanzar con el gracioso? — sabía que Rafael no era ingenuo y no era el tipo de papá que se moriría si su hija decidía perder la virginidad.

— ¿Sinceramente? — me miró e hice que sí. — No tengo ilusión de que Giovana espere. Pero quisiera que lo hiciera, que tuviera más seguridad en las cosas y eso es lo que le dije a Anderson. Sé que realmente ama al gracioso, pero no sé si realmente está lista para dar ese paso. Solo quiero que cuando decida, esté segura de qué va a hacer y que sea bueno para ella, como fue ese primer beso que se empeñó en contarme en detalle ¡qué increíble fue! Pero me haces un favor, dile que no necesito los detalles de la primera vez. — cerró bien los ojos e hizo que riera.

— No sé si te ahorres de eso, ¡es Gi! — reí y él hizo una mueca.

— ¡Sí, Gi es poco común! — dio esa sonrisa hermosa entre paréntesis. — Y considerando que tú también eres poco común, estoy ansioso por conocer a nuestros hijos.

— ¿Nuestros hijos? ¿Así, en plural? — bromeé.

— Sí, dos o tres, me acuerdo que estuviste de acuerdo. — me dio un besito rápido. — Inclusive, mi amor, ¿no crees que deberíamos marcar al médico?

— Sí... pero ¿no crees que deberíamos esperar a que pase toda esta confusión? — quería sorprenderlo y esperaba que estuviera de acuerdo de que el momento era ese y no había por qué esperar, pero en realidad estaba asustada de que pensara mejor y quisiera esperar.

— No lo creo, mi amor. Creo que no podemos parar nuestras vidas, no debemos condicionar nuestros planes a cuándo Federico y toda esa pandilla estén fuera de nuestras vidas. Eso sería darles el poder de paralizarnos.

— ¡Tienes razón! Pero estaba pensando en dejar para después del cumpleaños de Gi. Ya está tan cerca y sé que es un momento importante para ella. — intenté convencerlo, guardando mi pequeño secreto.

— ¿Qué pasó? — preguntó Rafael firme.

— Ééé... — el guardia se rascó la cabeza, me miró en el fondo de la sala y pensó antes de hablar. — Mejor que bajes.

Los dos se miraron por un momento y me pareció muy extraño. Algo estaba pasando y quería saber qué era.

— Mi loca, tranca la puerta y solo abres para mí, está muy lleno hoy y no quiero que estés desprotegida abajo. — pidió y me pareció raro.

Generalmente no me dejaba ni un segundo solo en el bar, me llevaba arriba y abajo toda la noche, pero ahora me pedía esperar. Creí que era mejor no discutir, conocía ese tono de voz lo suficiente para saber que no valía la pena. Así que hice lo que dijo, apenas salió cerré la puerta y fui a la vidradera.

Estuve mirando y contando el tiempo, pero Rafael no apareció en el salón, lo reconocería incluso en ese lugar lleno. Miré bien, busqué, pero no lo encontré. Aquello no parecía bien. Pero había quien pudiera ayudarme, así que agarré el celular.

— Gracioso, necesito un favor. Llama a uno de tus amiguitos guardias y descubre qué está pasando que Rafa necesitó ir a resolver. ¡Pero rápido, por favor! — pedí y solo entonces noté a Anderson algo jadeante.

— ¡Ay, no, Hana, no me pongas a espiar al jefe! — rezongó e escuché a Giovana preguntar qué era y él explicó.

— Anderson, por favor, no es celos, hay algo mal y estoy preocupada, el comportamiento del jefe de seguridad provisional no fue normal. ¡Ayúdame! — insistí y lo escuché bufar y rezongar algo con Giovana.

— Hana, no te preocupes, el gracioso te llama ya con la respuesta. — la voz de Giovana resonó y colgó el teléfono. Esperé, aún mirando por la vidradera e intentando encontrar algo incomún.

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