Entrar Via

Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1351

"Lenon"

¡Ese estúpido de Rafael tenía que aparecer y arruinarlo todo! ¿Pero es que no tenía nada mejor que hacer? Cada vez que intentábamos atrapar a Hana él aparecía de la nada, como si hubiera sido invocado, y arruinaba nuestro plan. Ah, pero esto no iba a quedar así, ya estaba bien cansado de ese tipo.

Los guardias de seguridad me arrastraron hasta la emergencia del hospital, dos gorilas que caminaban tan rápido que apenas podía seguirles el paso. Pero también eran mucho más grandes que yo y mis pies apenas tocaban el suelo.

—¿Qué tienes para mí, Fernando? —Ese médico que sacó a Hana de las manos de Gregorio y Suzy apareció frente a mí cuando los gorilas me tiraron sobre la camilla.

—Vinicius, es el exvecino de Hana que vive persiguiéndola. Robó un uniforme y una bata, escapó de la seguridad y estaba intentando ir detrás de ella, pero terminó tropezando con sus propios pies y mira el estado en que quedó. —El tal Fernando señaló mi rostro.

—¡No tropecé! Fue ese animal de Rafael. —Grité y se rieron.

—¡Muchacho, Rafa es bueno para pelear, eh! —El médico se rió. —Primera cosa, quítate la bata y el uniforme, no son tuyos.

—¿No eres el médico? Deberías examinarme y no estar haciendo payasadas. —Estaba muy irritado con todos ellos y con ese lugar.

—Déjame explicarte una cosa, soy médico y solo por eso voy a tratar tus heridas, pero estás usando la bata de un colega mío, haciéndote pasar por médico, y no eres más que un acosador que intenta aterrorizar a una mujer. Entonces, voy hasta a cuidar tus heridas, pero vas a quitarte la bata y el uniforme primero, porque no son tuyos.

¿Quién se creía ese médico para hablarme de esa manera? Con ese aire arrogante. Si no estuviera con tanto dolor...

—Pensé que este hospital era mejor, pero por lo visto es solo otro matadero. —Reclamé y empecé a quitarme la bata y cuando iba a tirarla al suelo algo cayó de ella e hizo un ruido metálico.

—¿Un bisturí? —El médico se agachó y recogió la pequeña hoja del suelo y solo ahí recordé que lo tenía. Podría haber matado a ese idiota de Rafael.

—Revisen a este sujeto, puede tener algún otro tipo de arma y no quiero a nadie aquí corriendo riesgo. —Ese idiota de Fernando ordenó a los guardias, que empezaron a revisarme. —Lenon, a menos que te estés muriendo, ¡estás prohibido de entrar en mi hospital! Pones en riesgo la integridad de todos aquí.

Y solo después de que los guardias me revisaron ese médico arrogante empezó a cuidar mis heridas. Sin decir una palabra empezó a limpiar mi rostro.

—¡Ay! Está doliendo, quiero anestesia. —Exigí.

—Lo siento, pero no usamos anestesia para limpiar heridas como estas. Voy a limpiar, el técnico hará una radiografía y si no hay ninguna fractura que necesite cirugía hago las curaciones y puedes desaparecer de aquí. —El médico respondió, mientras seguía pasando esas gasas por mi rostro.

—¡Para ser médico tienes la mano muy pesada! Llama a una enfermera para que limpie mis heridas. —Le grité y se rió.

—¡Ninguna de las mujeres de mi equipo va a tocarte! —Paró y me encaró. —Ahora quédate quieto, vamos a hacer la radiografía.

Un hombre entró a la sala con un aparato de rayos X portátil e hizo la radiografía de mi rostro y después salió con el médico, dejándome ahí con esos guardias. Cuando el médico volvió estaba sonriendo.

—¡Mira qué maravilla! Tu nariz está rota, pero no necesita cirugía. Voy a hacer una curación. Y tienes una fisura en uno de los huesos de la cara, pero tampoco va a necesitar cirugía, no hay riesgo de causar ninguna deformidad u otro problema secundario, entonces vamos a hacer el tratamiento conservador, medicamentos para el dolor y evitar caer en el puño de otra persona, sé que no es muy fácil, considerando tu personalidad, pero es lo que necesitas para recuperarte. —El médico fue hablando mientras pasaba algo en mi rostro.

—¿Pero y este corte en mi boca? Eso necesita puntos. —Reclamé.

—En realidad no. Es superficial. Voy a recetarte medicamentos y una pomada, en pocos días estará bien.

—Quiero un analgésico en vena, tengo mucho dolor. —Quería algo de efecto más rápido, mi rostro estaba doliendo demasiado, era como si Rafael todavía estuviera golpeándome.

—Lamento, pero no es el caso, un analgésico oral es suficiente. Y compresas de hielo. —Respondió mientras llenaba la receta y después me la entregó. —Sigue las indicaciones y en unos días ni siquiera estarás morado.

—Ah, querido, vamos, voy a llevarte a casa y cuidar de ti. —Suzy me abrazó y Gregorio me encaró como si me avisara. Pero no me importaba, quería disfrutar la buena vida de esa casa.

—Oye, Lenon, ¿tu prima no llega mañana? Me comentaste que estás muy feliz con su llegada. —Gregorio tenía que acordarse de Mara.

—¿Prima? —Suzy preguntó confundida.

—Ah, pues sí, Suzy, una persona maravillosa, va a pasar un tiempo conmigo. —Sonreí.

—Ah, qué bueno entonces que tendrás quien cuide de ti. Y es una pena que no puedas quedarte en casa. —Suzy me estaba desinvitando, claro, sabía que moría de celos de Gregorio. Ah, si supiera...

Y en ese momento el celular de Gregorio sonó y se alejó para atender. Cuando volvió a acercarse parecía nervioso.

—Suzy, vuelves a casa en taxi. Necesito ir a la empresa, hay una emergencia allá. Solo voy a dejar a Lenon en su casa, porque con esos golpes el pobre necesita ayuda.

—Ah, querido, ¡voy contigo! ¿Es algo grave? —Suzy quiso saber.

—¡No, Suzy! Allá es lugar de trabajo y tú no trabajas. Vas a casa. Yo voy a la empresa y te veo más tarde. —Gregorio hizo señal a un taxi que estaba pasando y metió a Suzy dentro, después se volteó hacia mí. —Cambio de planes, la fuga del Diablo y del Marajá va a ser hoy, nuestra gente va a actuar. Vamos a la empresa a esperar noticias.

—Ah, papá, ¡tengo dolor, quiero ir a casa! —Reclamé.

—¡Mocoso idiota! Nuestro futuro aquí y tú lloriquiando como un debilucho. Anda, sube al auto, vienes conmigo. —Gregorio no me estaba dando opción, entonces subí al maldito auto.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)