"Manuela"
Sabía que Flavio amaba la profesión, confiaba en su competencia, pero eso no impedía que me pusiera aprensiva cada vez que iba a un enfrentamiento. Y si creían que me quedaría sentadita en el sofá esperando noticias por teléfono estaban muy equivocados. Si uno de los policías de Flavio estaba en el hospital era para allá que iba. Eran como familia, conocía a todos ellos, se reunían en mi casa, estaría ahí para cualquiera de ellos.
—Manu, ¿estás bien? —Rick me preguntó una vez más apenas bajamos del auto frente al hospital y me ofreció el brazo.
Parecía un acontecimiento, yo, las chicas, los muchachos y un montón de guardias entrando al hospital.
—Estoy bien, Rick. Solo necesito noticias pronto. —Respondí y me pasé la mano por la barriga.
—Fernando ya le avisó a Álvaro que todas están muy nerviosas y nos está esperando. ¡Va a salir todo bien, Manuelita! —Patricio me ofreció su brazo del otro lado.
—¡Gracias, Pat! Ahora vamos ya. —Entramos y ya había una enfermera esperándonos.
Nos llevaron al piso de Fernando y cuando llegamos Hana nos recibió con una sonrisa amable.
—¡Ay, qué ganas tenía de verlas! —Abrazó a cada una de nosotras. —Chicas, se van a sentar cómodamente en los sofás. Preparé bocadillos porque creo que la espera será larga. Y mi jefe ya viene para acá con noticias.
—Hana, ¿quién es el policía que está en cirugía? —Pregunté afligida.
—Fernando todavía no me dijo, Manu. Pero quédate tranquila, ya viene. —Pasó el brazo por mis hombros y me llevó hasta el sofá.
Me senté y enseguida un mesero ya estaba a mi lado ofreciéndome un té. Tomé el té, porque el pobrecito era gentil, pero lo que realmente quería eran noticias. Y cuando Fernando finalmente apareció casi salté a su cuello.
—Fernando, dime quién es el policía. —Pedí y me hizo sentar.
—Chicas, quédense todas tranquilas. Manu, ¡es Breno! Recibió un disparo que entró justo arriba del chaleco antibalas y no salió. Está siendo operado, perdió mucha sangre y su estado es grave. —Fernando habló con calma y sentí mi corazón dispararse, porque todos eran familia, pero Breno y Renatita eran muy especiales, eran como hermanos para nosotros.
—¿Va a sobrevivir, Fernando? ¡Dime que va a sobrevivir! —Estaba temblando y sintiendo las lágrimas.
—Querida, Vini está en la sala de cirugía, el tío de Hana también, el mejor cirujano del hospital está ahí. Puse a mis mejores en esto. Pero está muy grave. —Fernando hablaba con esa voz calmada y yo quería sacudirlo.
Pero entonces un movimiento en la esquina llamó mi atención. Alessandro estaba atendiendo el celular otra vez y apenas colgó me miró.
—¡Se acabó, Manu! ¡El tiroteo terminó! Hay otro helicóptero en camino con algunos heridos, Flavio no es uno de ellos. Una mujer está en estado grave.
—¿Una mujer? ¿Qué mujer? ¡Habla, Alessandro! —Pedí desesperada, no podía ser Renatita.
—No sé. Cuando llegue lo sabremos. Viene un policía y le pedí al piloto que le diga que venga aquí directo a hablar con nosotros.
Estaba tratando de no perder el control. Estaba tratando de quedarme tranquila. No podía alterarme.
—¿Puedo saber por qué todas mis embarazadas están aquí? O mejor dicho, casi todas. Menos mal que mi sobrina está más sensata. —Álvaro apareció con tres enfermeras.
—¡No podía quedarme en casa, Álvaro! Por mí ya estaría camino a ese tal presidio. —Respondí y sonrió.
—Ah, querida, tu marido sabe cuidarse. Y yo voy a cuidar primero de ti que no puedes alterarte. —Me dio un beso en la frente y puso un banco frente a mí para sentarse. —Vamos a empezar por la presión.
Mientras Álvaro iba examinándonos, escuchamos el ruido del helicóptero y pocos minutos después Tutu, uno de los policías del equipo de Flavio estaba frente a mí.
—Manu, quédate tranquila, el delegado está bien. O sea, recibió un disparo en el brazo... —Tutu empezó a hablar.

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