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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1384

“Hana”

Ya pasaba de la medianoche cuando la familia se despidió y el personal del *catering* se fue. Claro que Giovana se hizo la remolona lo suficiente para ser la última en irse y repetir su gracia sobre los tapones para los oídos y lo bien que habían funcionado la última vez. Rafael cerró la puerta, apagó las luces, dejando solo las indirectas encendidas, y se volteó hacia mí con esa sonrisa de quien estaba teniendo muchísimas ideas.

—¡Finalmente tú y yo! —Se acercó, me abrazó por la cintura y me levantó del suelo.

—¡Por fin! —asentí y lo besé—. ¡Estoy ansiosa por desenvolver mi mejor regalo!

—¿Ah, sí? —Frunció las cejas con una media sonrisa—. ¿Y cuál es ese regalo?

—¡Tú, psicogato, el mejor de todos! —Me reí, agarrada a su cuello.

Y mientras me besaba, una música suave comenzó a sonar. Me puso en el suelo y empezó a bailar conmigo. Toqué los botones de su camisa y los fui abriendo uno por uno, muy despacio, mientras él me envolvía en ese baile lento y sensual, dándome besos en el cuello.

Estaba tan concentrada en la tarea de abrir su camisa que solo me di cuenta de que él había bajado el cierre de mi vestido cuando este cayó al suelo y Rafael me tomó por la cintura, me levantó y me sacó del vestido a mis pies. Luego se alejó y, con un paso de baile, me hizo girar sobre mí misma, despacio.

—¡Eres perfecta! ¡Esta lencería fue hecha para ti! —Me miraba y se podía notar el deslumbre en sus ojos. Él de verdad me consideraba perfecta, no lo decía solo por decir.

—¡Tú me haces sentir linda! —Sonreí y él me miró muy intensamente.

—¡Eres hermosa! —Me sostuvo el rostro entre las manos, me miró fijamente por un momento y volvió a besarme.

Su camisa estaba abierta y toqué su piel. Sus manos bajaron de mi rostro a mis hombros, pasaron insinuantes sobre mis senos, rodearon la curva de mi cintura y me sostuvieron el trasero dándome un apretón firme y haciendo que me pegara a su cuerpo para sentir su deseo por mí ya manifiesto en su erección.

—¡Soy completamente loco por ti, mi loquita! —repetía entre los besos, mientras me sujetaba junto a su cuerpo.

Y mientras me besaba, me llevó al sofá y me hizo sentarme, se alejó un poco y empezó a quitarse la ropa. Era un espectáculo digno de verse. Primero, se quitó la camisa, que ya estaba abierta, con movimientos lentos, y la arrojó sobre el sillón lateral.

Después, se desabrochó el cinturón despacio y sus ojos estaban totalmente enfocados en mí cuando abrió el cierre y el botón del pantalón, con una cara pícara y una sonrisita de quien sabe que está bueno. Y cuando comenzó a bajarse el pantalón, me guiñó un ojo sexy y todo lo que yo quería era sentarme sobre él y sentir cada pedacito de ese hombre.

Cuando se puso de pie otra vez, estaba solo con la trusa *bóxer* blanca, que dejaba más que evidente el generoso volumen de su erección justo frente a mis ojos. Su sonrisa sexy era el complemento perfecto. Se agachó y me besó mientras se arrodillaba frente a mí.

Y mientras mordisqueaba la línea de mi mandíbula, sus pulgares se engancharon en los lados de mi *panty* y comenzaron a jalarla hacia abajo. Mientras tiraba de mi *panty* por mis piernas, su boca descendía por mi cuerpo sobre el corsé.

Me puso en cuatro en el sofá. Entre nosotros solo el corsé en mi cuerpo. Sus manos tocaron mi trasero y deslizó sus dedos hasta mi clítoris en movimientos circulares.

—¡Agárrate, mi loquita, porque ahora voy a follarte rico hasta el agotamiento! —dijo en mi oído y mordisqueó mi oreja—. Empezamos aquí en el sofá, pero la noche es larga, así que todavía voy a follarte de esa manera insana detrás de la puerta, hacerte gritar sobre el mueble justo a su lado y después vamos a probar la resistencia de nuestra cama.

—¿Sabes cuál es la mejor parte de tu planecito? —Sonreí mientras él frotaba su erección en mi trasero, la mano en mi clítoris y la boca en mi cuello.

—No es un planecito, es un plan perfecto. —Él se rió—. ¿Cuál es la mejor parte?

—Es que mañana voy a despertar, mirar a un lado y ver un hombre de verdad que está loco por mí abrazándome. —Recordé algo que me había dicho tiempo atrás y él sonrió en mi cuello.

—¿Loco por ti? ¿Yo? —Soltó una risita en mi oído—. Mi loquita sabrosa, ¡yo estoy jodidamente enamorado de ti! ¡Y es este hombre que te ama el que va a estar abrazándote todas las mañanas por el resto de tu vida! —Me dio un beso detrás de la oreja—. Ahora agárrate, mi loquita, que te voy a hacer gritar.

Sostuvo mi cadera y me invadió de golpe. Era perfecto y delicioso. Sus embestidas a un ritmo alucinante, sus dedos hundiéndose en mi cadera, su cuerpo chocando con el mío y el orgasmo arrebatándome con una intensidad alucinante, al mismo tiempo que él derramaba su goce dentro de mí.

Él realmente me llevó al agotamiento y nuestra cama se mostró tan resistente como la puerta que, a pesar de las arremetidas nada suaves y totalmente deliciosas de mi psicogato, se mantuvo en pie. Y cuando yo ya estaba exhausta, él me abrazó y me dormí oyéndolo decir lo perfecta que yo era y cuánto me amaba inmensamente.

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