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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1401

"Giovana"

Después de una ducha fría y bien demorada, todavía sentía una cosa dentro de mí que seguía calentando de abajo hacia arriba. Sabía que Anderson tomaba duchas frías para calmarse y a veces necesitaba otra cosa. Solo que estaba pensando que esta vez yo era la que estaba necesitando otra cosa, porque la ducha no me había calmado. Tal vez necesitara otro manoseo o tal vez necesitara preguntarle a alguien si podía calmarme de otra manera.

Me senté en la mesa con mala cara, esto me estaba haciendo sentir impaciente y un poquito nerviosa. Anderson se sentó a mi lado y abrimos los libros, comenzamos a estudiar, pero estaba encontrando todo muy difícil.

—¡Concéntrate, fierita! Estás muy dispersa. ¡Voy a arrepentirme de haberte dado un premio! —Anderson amenazó y resoplé.

—¡No puedes arrepentirte! ¡Dado está dado! Y quiero siempre que saque un diez… —Me arrepentí en el momento en que hablé—. Corrigiendo, ¡quiero siempre! —Puse la pluma en la boca y lo miré.

—¡Fierita, eres terrible! —Estaba sonriendo, una sonrisa hermosa.

—Quiero preguntarte algo.

—Ay, Dios mío, ayúdame, ¡porque viene pedrada! —Bajó la cabeza y cerró los ojos, haciéndome reír—. Mira, puedes hacer una de tus preguntas que estoy seguro de que me va a dejar sin palabras. Pero solo si yo puedo hacer una pregunta también y tú me respondes con la verdad y no evadas.

—¡Entonces quiero hacer dos preguntas!

—¡Eso no vale!

—Vale, porque sé lo que quieres saber y no quería contarlo.

—¿Cómo sabes lo que quiero saber?

—Es que mi novio es detallista, observa las pequeñas cosas y ¡quiere saber qué vi en la calle de atrás!

—¡Exactamente eso! —Él concordó y sonreí. Claro que no se había conformado con mi respuesta evasiva.

—Te cuento, si puedo hacer dos preguntas. —Le mostré dos dedos.

—Gi, tus preguntas no son preguntas simples la mayoría de las veces.

—¡Pero estas van a serlo!

—¿Prometes? —Preguntó e hice que sí—. Está bien, mi respuesta.

—No, mi lindito, primero las mías, no quiero que te escabullas después. —Sabía que si no hacía esto me respondería a medias.

—¡Dios, toca su corazón! —Puso las manos en el rostro y esperó.

—¿Necesitaste más que ducha fría hoy, Anderson? —Pregunté y él se hundió aún más en la silla a mi lado.

—Sí, Gi, hoy necesité más que ducha fría. —Respondió, pero yo quería los detalles, todos los detalles, saber cómo era realmente.

—¿Y cómo fue? ¿Me explicas? —Pedí y me miró atónito.

—Yo… yo… ¡no sé qué decir! —Estaba totalmente confundido. Era mi oportunidad, entonces me senté en su regazo, de frente a él y alcé su mentón con la punta de los dedos. Sus manos tocaron mis muslos y hormigueó ahí.

—Di cómo es, en qué piensas, qué sientes. —Pedí y él respiró hondo, pensó por un momento y pareció tomar una decisión.

—¡Pienso en ti! Sentada así en mi regazo.

—Ya hiciste más de dos preguntas, ahora quiero mi respuesta.

—¡No señor! ¡Hice apenas una pregunta que necesité elaborar para obtener la respuesta completa! —Respondí y él se rio.

—Estás prestando atención a las clases, ¡ya hasta estás hablando igual que tu profesora de español! —Reímos juntos—. Está bien, haz tu segunda pregunta.

—Solo la ducha fría hoy no fue suficiente para mí, Anderson, sigo sintiendo y ahora que me mostraste… ay, ¡creo que necesito más que ducha fría hoy! ¿Hay alguna forma? —A medida que fui hablando sentí que él se fue poniendo tenso debajo de mí y se quedó totalmente mudo. Me alejé para observarlo y tenía los ojos abiertos como si hubiera recibido un susto—. Anderson, me estoy sintiendo incómoda porque esta sensación de que falta algo no pasa. —Expliqué y él bajó la cabeza en mi hombro.

—¡Cuando pienso que no puedes sorprenderme más, me sales con esta! —Respiró hondo una vez más—. Voy a tener que hablar sin rodeos por lo visto. ¿Ya hablaste con tu mamá sobre masturbación?

—Ah, sí, cuando los chicos empezaron a hablar sobre eso en el salón con esas bromas idiotas le pregunté a ella y me explicó, pero eso tiene tiempo. Luego recientemente me explicó un poco mejor.

—Cierto, te habló sobre la masturbación masculina, pero ¿te habló sobre tocarte tú? —Lo miré confundida.

—Me habló sobre mi cuerpo y cómo funcionan las cosas, pero creo que no exactamente sobre lo que estás preguntando.

—Gi, ¿te ha hablado sobre tocarte tú misma y sentir placer con tu propio toque?

—¡No, eso todavía no!

—Entonces, mi lindita, necesitas tener esa conversación con ella, porque necesito ir a tomar otra ducha. —Me sacó de su regazo y se levantó, dejándome sola en la sala.

—¿No quieres la respuesta a tu pregunta? —Pregunté pero ni siquiera se volteó.

—¡Cuando vuelva, fierita! —Respondió y desapareció por la puerta. Y me quedé pensando que si tuviera un celular o una computadora ¡no necesitaría estar preguntando tantas cosas!

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