"Hana"
Estaba tan, pero tan aliviada de que Frederico no estuviera más en el hospital y que Suzy no entrara más todos los días en las visitas que hasta estaba canturreando. Comenzaba a sentirme segura de nuevo en el trabajo, aunque todavía hubiera peligro, estaba ahí afuera y ¡yo no iba ahí afuera! Mi bebé y yo estábamos protegidos por nuestro brutote.
Pero estaba descubriendo que tenía una increíble capacidad de vomitar y que ya estaba despertando el interés de mucha gente. Y principalmente, el olor de varios alimentos me dejaba mareada.
—Brutote, ya sabes, ¡no dejes que nadie pida esos macarrones con queso! —Le recordé a Rubens antes de que llegaran las chicas.
Raíssa, Rubia y Giovana venían a almorzar conmigo, porque Giovana tenía una consulta con la ginecóloga.
—Déjalo conmigo, pequeña. —Rubens sonrió—. Menos mal que el cumpleaños de fierita es la semana que viene, no vas a poder engañar a nadie por mucho más tiempo.
—Ay, ¡ni me digas! Ya estoy loca por contar. —Confesé.
—¿Contar qué a quién, Nana? —Rubia apareció sonriente y deslumbrante en un pantalón de mezclilla de cintura alta y una blusa roja bordada en dorado.
—¿Para qué es tan linda, brutote? —Pregunté y me reí de su sonrisa boba.
—¡Para hacerme feliz, pequeña! —Salió de mi lado y fue a abrazarla.
La verdad es que las tres juntas eran para quitar el aliento y cuando aparecían por aquí dejaban una fila de gente volteándose para mirarlas.
—Entonces, Nana, si es chisme tíralo en el grupo. —Giovana me abrazó y después Raíssa.
—¡No-no! ¡Qué chisme nada! Estaba diciéndole al brutote que estaba loca por contarle a Rubia que decidí dónde quiero hacer las fotos que me prometió, ¿sabes? —Era una pésima idea decir eso, porque me preguntarían dónde, pero necesitaba dar una excusa y fue la única que pensé.
—¡Aaahh! ¡Finalmente! ¿Dónde? —Rubia se interesó.
—Es… dónde. Cuento mientras comemos, ¿qué les parece? —Necesitaba un tiempito para pensar.
—Excelente idea, porque estoy muriéndome de hambre y quiero comer un plato enorme de esos macarrones con queso que hacen aquí. —Giovana habló y miré a Rubens en desesperación.
—¡Ay, quisiera tener el metabolismo de una adolescente! Pasta y queso, ¡qué delicia! —Raíssa comentó y nos hizo reír.
—¡Eso ya no te pertenece, hermana! Ahora es cuidar el cuerpito y la salud, porque ya dice la canción "todo lo que me gusta es ilegal, es inmoral o engorda". —Rubia nos hizo reír.
—¡Entonces vamos que voy a comer un plato enorme de macarrones en homenaje a ustedes! —Giovana bromeó.
—¿Y dónde está el lindito, Gi? —Pregunté, encontrando tan extraño verla sin él.
—Se quedó con mi papá, ya que mi mamá tiene a los dos grandotes ahí pisándole los talones. —Giovana señaló a los guardaespaldas que Boris puso para proteger a Raíssa.
Fuimos al restaurante del hospital y Rubens se alejó por un momento, para atender una llamada. Nos sentamos y pronto apareció.
—¿Cómo así se acabaron los macarrones con queso? Gente, ¡es macarrón y queso! ¡Pucha! —Giovana se quejó con el mesero con un modito triste y él se rio.
—Mira, chica linda, ¿puedo sugerirte algo tan delicioso como macarrones con queso? —El mesero le sonrió y era un lindo.
—¡Ella tiene novio! Y él te saca dos cabezas. —Rubens avisó y el chico quedó desconcertado.
—¡Disculpe! Creo que te puede gustar el filete con puré de papas. —El chico sugirió y Giovana le dio una sonrisa brillante.
—¡También creo que me va a gustar! —Concordó y respiré aliviada. Pedimos los platos y comenzamos a conversar.
—¿Animada para tu consulta, Gi? —Pregunté y dio una sonrisa gigante.
—¡Muchísimo! Ansiosa y… hice una lista de preguntas, ¡todo lo que quiero saber! —Sacó de la bolsa un cuadernito y lo agitó en el aire.
—¡Dios me ayude! Creo que voy a querer meter la cabeza en un agujero, ¡hasta puedo imaginar el nivel de preguntas que va a hacer a la ginecóloga! —Raíssa apoyó el rostro en las manos, había cierta desesperación comprensible en ella.


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