"Giovana"
¡Estaba viviendo el día más feliz de mi vida! Y pensar que hace pocos meses estaba completamente desorientada, peleando con el mundo, poniéndome en peligro y casi fui secuestrada y asesinada, solo porque me estaba sintiendo herida y dolida y quería que el mundo entero sintiera lo mismo. ¡Qué tonta fui al no prestar atención a lo que mi mamá decía, al olvidar lo que mi papá me había enseñado, al dejarme influenciar por personas que no eran nada!
¡Y casi pierdo las mejores cosas! Casi pierdo a mi papito lindo, a mi mamá amorosa, a Boris con la lengua suelta y a Hana medio loca, a mi abuela y al Sr. Geraldo, a mis tíos que son lo máximo. Casi pierdo a todos esos amigos y a mis maestras solo un poquito desquiciadas. ¡Y casi ni siquiera alcancé a mi precioso! Qué bueno que mi familia me detuvo o habría acabado con mi vida antes de que siquiera comenzara.
Mi tía estaba tomando muchas fotos, de todos los momentos y me prometió un álbum con todo. Yo había tomado varias selfies también y estaba escuchando a Rui preguntarle a Flavio y a Breno sobre la carrera en la policía, él andaba interesado desde que el precioso y yo contamos nuestros planes y yo ya estaba emocionada pensando en nosotros tres entrando a la policía, ¡iba a ser lo máximo!
—Muy bien, ¡hora del pastel! —Hana anunció después de la cena que fue servida a la americana, porque, para mi alegría, era demasiada gente para la mesa.
El pastel fue colocado sobre la mesa y era tal cual yo le había dicho, ¡creo que ese era su regalo y era demasiado lindo! Mientras aquellas personas tan queridas me cantaban el cumpleaños feliz, me emocioné y comencé a llorar, eran muchas emociones sucediendo a la vez. Y a la hora de soplar las velitas llamé a Anderson, además de Hana y de mi papá. Explicamos rápidamente nuestra tradición y soplamos las velas.
—Ay, Nana, ¡me encantó mi regalo! —Di saltitos mirando el pastel.
—¿Tu regalo? —Ella me miró sin entender.
—¡El pastel, Nana! Es perfecto, tal cual lo soñé. —Hablé eufórica y ella soltó una risita.
—Ah, ¡qué bueno! —Me dio un abrazo rápido.
—¡Hoy los deseos comienzan contigo, Gi! —Mi papá sonrió y me agaché frente al pastel.
—¡Debería solo agradecer por estar aquí y tenerlos a todos en mi vida! Gracias, mamá, por traerme de vuelta y gracias, papá, por castigarme. Sin eso no tendría a todos los demás y no estaría aquí. —Los miré llena de gratitud. —Pero como no soy tonta ni nada y sé bien que los deseos no se desperdician... —cerré bien los ojos— ...deseo que el próximo año estemos todos aquí otra vez y ¡que la familia haya crecido! ¡Y que los dieciocho no tarden mucho en llegar! —Abrí los ojos y le sonreí a Anderson. —Tu turno, precioso, ¡ pórtate bien!
—Deseo que nosotros dos permanezcamos unidos y que sigas siendo esta cosita atrevida que me deja en situaciones delicadas. —Él rió. —Deseo, Gi, que tengas una vida buena y feliz y que yo pueda seguir siendo parte de ella.
—Oww... ¡qué lindo! ¡Eres mío, precioso! ¡No te vas a librar de mí nunca! —Avisé y gané un beso. —¡Vamos, Nana! ¡Mi papá al último!
—¡Ah, no, Gi! La regla es clara, ¡tu papá y después yo! —Hana habló rápido. Entrecerré mis ojos hacia Hana.
—El pastel no es mi regalo, ¿verdad? —Pregunté y ella negó con la cabeza. —Vamos, papá, haz ese deseo rápido. —Todos rieron mientras yo encaraba a Hana tratando de descubrir algo.
—¿Ni siquiera vas a prestar atención a mi deseo? —Mi papá hizo ese drama. Puse los ojos en blanco y me volteé hacia él, que sonrió satisfecho. —Deseo que hayas aprendido a discernir el bien y el mal y ¡nunca más olvides que esta familia y estos amigos siempre estarán aquí para apoyarte y protegerte!

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