Tenía la cabeza baja, sosteniendo la mano de mi marido que aún no había despertado, incluso treinta y seis horas después de la cirugía. El médico acababa de decirme que estaba estable y solo nos quedaba esperar, cuando sentí que su mano apretaba levemente la mía. Levanté la cabeza y lo miré de inmediato, viendo ese par de ojos violeta iluminarme nuevamente.
—Alessandro, ¡mi amor! Al fin... —le sonreí—. Voy a llamar al médico, no te muevas y no quites nada de su lugar.
Fui hasta el mostrador de enfermeras que estaba frente a la cama de la UCI donde estaba mi marido, avisé que había despertado y volví corriendo para estar a su lado.
—Mi amor, tuve tanto miedo —dije sosteniendo nuevamente su mano.
—Así que el paciente más visitado de este hospital despertó —el Dr. Estenio entró sonriendo y se presentó—. Alessandro, estás en el hospital porque recibiste un disparo. Voy a examinarte, haz lo que te diga, por favor.
El médico hizo una evaluación básica de fuerza, reflejos y revisó los monitores a su lado. Finalmente dijo que retiraría el tubo conectado al respirador y que Alessandro podría sentir una irritación en la garganta durante algunos días.
—Ahora dime, ¿cómo te sientes? —preguntó el Dr. Estenio después de retirar el tubo de la garganta de Alessandro.
—¡Vivo! —Alessandro sonrió al responder con voz débil—. Pero con mucho dolor.
—Eso es normal. Pasaste por un procedimiento quirúrgico de seis horas para retirar la bala y dormiste casi dos días —el Dr. Estenio comenzó a explicarle todo a Alessandro.
Cuando nos quedamos solos, Alessandro quiso saber todo lo que había sucedido mientras estuvo inconsciente y, principalmente, qué había pasado con Junqueira.
—Mi ángel, ahora cuéntame qué pasó. ¿Por qué recuerdo haberte visto en ese despacho? —preguntó Alessandro.
—Porque no iba a quedarme escondida en un rincón sabiendo que estabas en peligro —le dije muy seria.
—¿Cuánto tiempo llevas en este hospital? —preguntó.
—Tranquilo, soy una madre responsable. Vengo por la mañana, almuerzo en casa y cuido a los niños, y regreso por la tarde. Durante la noche los chicos se han turnado, pero como estás en la UCI nadie puede quedarse mucho tiempo —expliqué—. Incluso, si sales de la UCI hoy, quien viene a dormir contigo es Patricio.
—¿Qué pasó con Junqueira? —Alessandro hizo una mueca de dolor, pero la enfermera entró y le aplicó el medicamento.
—Junqueira recibió un disparo en el muslo derecho por un policía. La herida fue grave y los médicos decidieron amputarle la pierna. Está en el hospital, pero será trasladado mañana a la enfermería de la prisión de máxima seguridad —le conté cómo fueron las cosas y cómo Junqueira entró en nuestra casa.
—¡Finalmente este infierno terminó! —dijo Alessandro y sonrió.
—Sí, Gustavo y Kauã contaron muchas cosas en la comisaría —comenté—. Bonfim me explicó que lograron rastrear todas las cuentas y todos los testaferros de Junqueira, pero cuando llegaron al lugar donde estaba escondido no lo encontraron. Nos siguió cuando fuimos a la comisaría para que yo hablara con Claudio y ya se estaba preparando para invadir nuestra casa. Tuve tanto miedo... —mis ojos se llenaron de lágrimas y Alessandro llevó mi mano a su boca.
—Eh, ¡se acabó! ¡Ahora todo está bien! —me aseguró Alessandro.
Al final del día ya estábamos en la habitación y el médico permitió las visitas, siempre que Alessandro no se cansara demasiado. Obviamente todos nuestros amigos vinieron a verlo y se sintieron aliviados de que estuviera recuperándose.
—Me estás asustando, mi ángel —Alessandro sonrió y se acostó sobre mí, besándome y pasando su mano por mi cuerpo. Se giró y me jaló acostándonos de lado y atrayéndome contra su cuerpo.
—Papiii... mamiii... —Pedro entró corriendo a la habitación y subió a la cama. Alessandro dejó de besarme y me miró con una cara muy graciosa haciéndome reír.
—Patricio ya está enseñándole a este niño a interrumpirnos —dijo Alessandro bajito en mi oído—. ¡Campeón! ¿No estabas durmiendo? —preguntó Alessandro acomodando a nuestro hijo entre nosotros.
—Me desperté, papá —dijo Pedro todo sonriente—. Entonces vine aquí pa' que me cuentes ota histoia.
—¿Otra más, hijo? ¿Y no crees que ya es muy tarde para otra historia? —preguntó Alessandro con toda paciencia pasando la mano por el cabello de Pedro.
—No creo, papá —respondió Pedro muy sincero.
—Pedro, hagamos esto: todos vamos a cerrar los ojitos y a dormir. Basta de historias por hoy —dije tratando de resolver el impase.
—¿Todos nosotros, mamá? —preguntó Alessandro como si quisiera protestar.
—¡Todos nosotros! —respondí y acurrucándome junto a ellos, pasé la mano por el rostro de mi marido, di un beso a mi hijo y estiré la mano hasta el interruptor para apagar las luces.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....