"Heitor"
Llegué a la oficina muy emocionado, el día de hoy sería divertido, pues mi asesora comenzaría hoy y me libraría de toda la sobrecarga de trabajo, además tenía el chisme sobre Mellendez con su asesora y por la noche vería a Hanna. Todo estaba muy bien.
Cuando la puerta del elevador se abrió en el último piso de mi edificio, donde estaba mi oficina, me encontré de frente con Melissa Lascuran sentada con las piernas y brazos cruzados, balanceando una de sus piernas y resoplando. Apenas había salido del elevador y ella vino hacia mí.
—¿Estas son horas de llegar, Martínez? Tu escritorio es un desastre y tienes montones de asuntos pendientes. ¡Este negocio no tiene gestión! Si estás pensando en quebrar, avísame, porque ni pierdo mi tiempo en empezar a trabajar aquí —Melissa hablaba sin parar para respirar y mis ganas eran de salir corriendo y esconderme de ella.
—¡Me cayó muy bien! —dijo Julia desde su escritorio con una enorme sonrisa, divirtiéndose con mi sufrimiento.
¡Melissa ya estaba demostrando a qué venía, se montó en mí clavando las espuelas y haciendo sonar el látigo!
—¿Cuánto tiempo me retrasé? —la miré empezando a pensar que llevaba unas cuatro horas de retraso.
—La cuestión, Martínez, es que tú eres el jefe, el capitán del barco, eres el primero en llegar y el último en salir —Melissa dijo chasqueando los dedos frente a mi cara—. Las cosas van a cambiar por aquí, Martínez, puedes apostarlo. A partir de ahora yo te mando y tú vas a caminar derecho y vamos a poner la casa en orden. Es eso o me voy. ¿Entendiste?
—¡Sí, señora! —fue inevitable reírme de ella, pero me arrepentí antes de cerrar la boca. Me miraba como si fuera a arrancarme la cabeza.
—¿Esto te parece gracioso, Martínez? ¿Será gracioso cuando hundas esta empresa? Vamos, a trabajar, ya has holgazaneado demasiado.
—¿Sabes que yo soy el jefe, verdad? —como había hecho en la entrevista, pregunté de nuevo a mi nueva asesora que era un pozo de atrevimiento.
—¡Claro! Y también sé que tú me necesitas mucho, pero mucho más de lo que yo te necesito a ti. Así que deja el drama y vamos a trabajar —Melissa habló desde lo alto de su pose mandona—. Ah, y solo para que las cosas queden bien claras. A partir de ahora, yo soy la voz de tu conciencia, por lo tanto, yo dicto las reglas. Ya te había avisado, ahora eres mi mascota. ¿Entendido? —solo asentí con la cabeza.
Melissa se fue caminando y la seguí hasta mi oficina. Pasamos toda la mañana sumergidos en papeles. Era muy competente y rápida para tomar decisiones, se las arreglaba bien y tenía la astucia de su padre en los negocios. Alrededor de las once, el teléfono sobre mi escritorio sonó y Melissa respondió en altavoz.
—¿Sí, Julita? —las dos ya eran íntimas. Este dúo me transformaría en un clon de Mellendez, malhumorado y célibe.
—Mel, hay dos visitas para Heitor aquí. Una es su madre —respondió Julia y parecía divertida—. Creo que te va a gustar recibir a las dos a la vez.
—Hazlas pasar, Julita. Veamos qué hizo este idiota —Melissa me miró con un brillo perverso en la mirada.
De repente, irrumpieron en la oficina mi madre y Hanna, que parecía indignada. Cada una sostenía una bolsa negra, que yo sabía que eran los regalos que había enviado.
—Hijito, ¡buenos días! Sorprendiste a mamá hoy —dijo mi madre con una sonrisa de oreja a oreja, al parecer le había gustado mucho el regalo que le mandé.
—Heitorcito, ¿podemos hablar en privado? —Hanna habló de inmediato, mirando con desdén a Melissa.
—Ah, no pueden, zorra —respondió Melissa antes de que yo pudiera decir cualquier cosa y la miré sin creer lo que había dicho—. Heitorcito está ocupadísimo. Di rápido lo que quieres y vete por donde viniste, hija.
Melissa se levantó y caminó hasta mi madre, se presentó tranquilamente y la condujo a una silla frente a mi escritorio. Hanna me miraba como preguntándome si no iba a hablar con ella.
—¿Quién es esta loca, Heitorcito? —Hanna era extranjera, así que me llamaba por el diminutivo de mi nombre y yo lo encontraba encantador, pues, aunque hablaba bien español, todavía tenía un lindo acento.
—¿Loca? ¿Yo? —Melissa se burló—. Querida, tal vez sea un poco obsesiva, loca no. Pero soy educada, así que me presentaré. Soy Melissa Lascuran y a partir de ahora Heitorcito me pertenece, quien resuelve su vida soy yo y quien decide con quién habla soy yo.
—Ah, ¿entonces por eso me mandaste este regalito, Heitor? ¿Es tu manera de darme calabazas? —dijo Hanna con mucha rabia.
—No entiendo, Hanna —hablé por primera vez desde que entró en mi oficina.
Estaba aturdido con mi asesora. Tal vez era más que obsesiva, sin embargo, era mejor guardarme eso para mí. Su padre ya me había dicho que me mantendría con las riendas cortas, pero lo que ella estaba haciendo era asumir el control de mi vida. Y yo lo estaba permitiendo e incluso me divertía.
—¿Ah, no? —dijo Hanna con aire de burla—. Explícame entonces qué es esto —Hanna me extendió la bolsa negra.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....