"Samantha"
El resto de la semana pasó demasiado rápido. Estuve dos días fuera de la empresa y el trabajo se acumuló, así que trabajé el sábado para compensar y lograr ponerme al día.
Era extraño, pero me sentía más segura dentro de la empresa que en mi propia casa. Así que ir a trabajar el sábado me relajó en vez de estresarme.
El domingo, me desperté tarde, pedí comida y estaba llorando desconsoladamente viendo otra película romántica en la TV cuando sonó el celular. Era Vinícius.
—Mujer, ¿qué es esa voz de llanto? —preguntó preocupado.
—Estoy viendo una película, Vini. La protagonista sufre demasiado —él soltó una carcajada al otro lado de la línea.
—Está bien, preciosa, entonces deja eso, haz esa magia con los maquillajes, que paso por ahí en media hora —Vinícius parecía relajado.
—¿Y adónde vamos, puedo saber? —pregunté apagando ya la TV.
—Voy a llevarte a un lugar genial para tomar algo y hablar mal de la vida ajena —su propuesta era ridícula y específica como siempre.
—Apenas puedo ocuparme de mi vida, Vini, ¿cómo voy a ocuparme de la de otros? —me burlé.
—Ocuparse de la vida ajena es más fácil. Si sale mal, no somos nosotros quienes tenemos que resolverlo —rió y colgó el teléfono.
Una hora después estábamos sentándonos en una mesa en la cervecería más de moda de la ciudad. El lugar era hermoso, con buen ambiente, tenía música en vivo y un bufet de aperitivos delicioso.
—¡Vaya! ¡Sabes cómo hacerme feliz! —bromeé con él.
—Preciosa, ¿quién no es feliz con alcohol y grasas trans? Pero dicen que solo encontramos la felicidad en el fondo de la botella —Vinícius me hizo soltar una carcajada.
—Eres médico, no deberías incentivarme a beber y comer porquerías —lo provoqué.
—Preciosa, ¿qué sería de la medicina sin las cirrosis y los ataques cardíacos?
—¡Qué horror, Vini! —le golpeé el hombro y él se rio.
—Vamos, Sami, mañana nos arrepentiremos, pero hoy no nos privamos de nada.
Vini pidió una torre de cerveza y un trío de shots para cada uno, nos servimos del bufet y cuando volvimos a la mesa llegaron las bebidas, entonces él propuso un brindis.
—¿Y por qué vamos a brindar, Vini?
—"¡En la alegría y en la tristeza, en el tequila y en la cerveza!" —Vini levantó el primer shot, brindamos y lo tomamos—. Tu turno.
—"¡Amigos que beben juntos, permanecen juntos!" —levanté el segundo shot y lo tomamos.
—"¡Ave María, llena de gracia, prepara el hígado que ahí viene el tequila!" —Vini levantó el tercer shot y lo tomamos. Y de ahí en adelante ya estábamos riendo como dos idiotas.
Cuando decidimos irnos ya había caído la noche. Vini pagó la cuenta y ya estábamos saliendo, mi celular sonó con el tono de notificación de mensajes. Era un mensaje de Heitor. Mi corazón se hundió en el pecho y mi sonrisa se desvaneció después de leer el mensaje:
"Me olvidaste rápido."
¿Estaba ahí? Miré alrededor y no lo vi, tampoco vi a nadie que conociera. Pero estaba tan dolida. Él volvió de viaje y no me buscó, pero estuvo con esa puta de Isabella colgada de su cuello. Con pura rabia respondí su mensaje sin pensar:
"¡Claro, las que lloran a los muertos son las plañideras!"
Arrojé el teléfono en el bolso y entré al coche. Vini había llamado un taxi y estaba prestando atención a la llegada del coche y no notó que usé el celular. Pero notó que ya no estaba sonriendo.
—¿Qué pasó, preciosa? —preguntó.
—¡Ese idiota! —resoplé.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....