"Samantha"
Al abrir la puerta de la habitación y ponerme en el suelo, quedé impresionada. Unas pocas lámparas dejaban el cuarto en una penumbra que daba una atmósfera romántica a la estancia. Por todos lados había chocolates y bombones. Sobre la cama, una enorme canasta de chocolates variados. En marcos esparcidos por las paredes había carteles impresos profesionalmente, cada uno con una declaración de amor diferente. Había corazones de papel arrojados sobre todas las superficies planas.
Heitor quitó la canasta de chocolates de la cama y la colocó en la mesita de noche, tomó un bombón de la canasta y vino hacia mí mientras lo abría. Lo puso en mi boca y mordí. Era un bombón de licor y cuando lo mordí el licor se escurrió por la comisura de mi boca. Heitor se acercó y lamió y chupó el lugar donde se había derramado el licor, después colocó el resto del bombón en su boca.
Me estaba seduciendo. Comenzó a desabotonarse la camisa y lentamente fue desnudando su cuerpo, permitiéndome admirarlo y desearlo. No me permitió quitarme mi ropa, eso lo hizo él mismo después de desnudarse, con la misma lentitud, admirando cada centímetro de mi piel que iba exponiendo.
Heitor cubrió mi boca con la suya, con un beso fuerte y cariñoso. El toque de su lengua en la mía era pecaminoso. Era como si su lengua no solo me hablara de amor, sino que estuviera haciendo el amor con la mía. La sensación de aquel beso era de deseo, posesión, placer desenfrenado, pura satisfacción carnal, pero también era una conexión directa con mi corazón, era un arrebato de amor y un suspiro del alma.
— Eres tan dulce —susurró Heitor entre los besos—. Tan deliciosa en cada centímetro.
Mordisqueó mi labio inferior y después pasó sutilmente su lengua, dejándome en puro fuego, excitada y deseosa de más. Me llevó a la cama y apoyó mi espalda sobre la sábana de lino blanco, apoyando su cuerpo sobre el mío. Estaba siendo conducida como en un vals y mi compañero en esta danza era un eximio bailarín.
Enlacé mis piernas en su cintura, sintiendo la proximidad de su vigorosa erección con mi húmeda intimidad. Lo atraje más cerca de mí y él me besó más profundamente, con un gruñido posesivo que excitó aún más cada nervio de mi cuerpo.
Nuestra entrega fue total, por fuera con la unión de nuestros cuerpos, y por dentro, con los sentimientos derramados en cada beso y en cada caricia. No había entre nosotros ningún espacio más para dudas o inseguridades, solo había dos corazones abriéndose y entregándose completa y definitivamente uno al otro, por entero.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....