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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 362

"Heitor"

Tomé el celular de Samantha y la miré, viendo lo asustada que estaba. Contesté, sin decir nada, pero lo puse en altavoz. Pronto la voz resonó por la habitación.

—¡Samanthitaaaa! ¡Uhuuu! ¿Adivina quién es? —una fuerte carcajada bizarra siguió—. Samanthita, ¿no vas a hablarme? ¿Estás tan emocionada?

—¿Cómo conseguiste mi número, Rómulo? —dijo Samantha tratando de controlar el nerviosismo.

—¡Ah! ¿No lo sabes? —rio una vez más—. Quien me dio tu número fue esa insoportable de Manuela.

—¿Fuiste tú? ¡Cretino imbécil! —Samantha se alteró.

—Sí, tomé prestado su celular hoy —hablaba cínicamente—. Lástima que mi empleado no logró clavarle el cuchillo como le mandé.

—Eres un monstruo, Rómulo —Samantha luchaba por no llorar.

—Samanthita, esto es solo para recordarte que no sirve de nada tratar de huir de mí. ¡Eres mía, Samantha! Y voy a recuperarte —Rómulo tenía la voz cargada de rabia.

—¡Estás loco! —Samantha estaba comenzando a perder el control.

—Loco por ti, ¡Samanthita! Hoy fue solo una advertencia. La próxima vez esa molesta muere. Pero, si quieres evitar que tu amiguita, tu mamita y el niño rico mueran, vendrás a mí —amenazó Rómulo.

—No les pondrás las manos encima y jamás iré a ti. Nunca más me tocarás —las lágrimas cayeron de los ojos de Samantha.

—Ya veremos, Samanthita, ya veremos —Rómulo colgó el teléfono.

Samantha estaba nerviosa y tan pronto como la llamada terminó se deshizo en lágrimas y sollozos. La atraje hacia mí en un abrazo y me quedé allí, abrazado a ella y acariciando su espalda. Necesitaba hacer algo para acabar con esta situación.

—Ruiseñor, voy a buscarte tu té. Canela se quedará aquí contigo —dije cuando ella se calmó un poco.

—No es necesario, Heitor —protestó.

—Sí lo es. Té con galletitas de mantequilla son poderosos calmantes para ti en medio de la madrugada —sonrió por mi broma.

Canela ya la estaba tocando con el hocico en el borde de la cama y eso siempre la hacía sonreír. Este travieso de cuatro patas hacía magia con ella, no había otra explicación.

A la mañana siguiente, dejé a Sami en el trabajo y le dije que le enviaría otro celular. Me quedé con el suyo, iría a la comisaría a hablar con Flavio. Se pondría furioso cuando supiera que el ataque a Manu había sido obra de Rómulo.

—Cuando me dijeron que el magnate de la tecnología estaba otra vez en nuestra humilde comisaría no lo creí —el comisario Bonfim entró en la sala con su buen humor y serenidad habituales—. Heitor, ¿quieres convertirte en uno de nosotros?

—Ah, comisario, ni aunque quisiera, sería un pésimo policía —le sonreí.

—Bueno, con la cantidad de problemas que atraen, ciertamente serías el mayor blanco de los criminales de esta ciudad —Bonfim soltó una carcajada divertida y no pude evitar reír con él.

Flavio le puso al tanto de por qué estaba en la comisaría y Bonfim enseguida se animó con la posibilidad de una intervención.

—Una intervención telefónica puede impulsar nuestra investigación, que avanza muy lenta. Tu padre desapareció, Rómulo, hasta ahora, no ha salido de su madriguera, y aún no hemos descubierto si fue él quien mandó los bombones a Samantha —enumeró Bonfim.

—Entonces todavía no saben nada —suspiré pensando que esto tal vez estaba lejos de terminar.

—No es así exactamente, no somos tan ineficientes —Bonfim sonrió maliciosamente.

—Ah, disculpa, Bonfim, no quise decir eso. Pero es tan frustrante estar durante meses en este embrollo y no llegar a ninguna parte —traté de explicar mi frustración.

—Lo sé, Heitor. Y tienes razón. Pero justamente venía a hablar con Flavio sobre las últimas informaciones que llegaron. Y qué bueno que estás aquí, porque tal vez puedas ayudarnos —Bonfim se sentó a mi lado.

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