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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 386

"Samantha"

Después de que Rómulo dejó de ser un problema, me sentía mucho más ligera y feliz. Tenía a mi lado al hombre que amaba y que, no solo decía, también me demostraba todos los días que me amaba igualmente.

Heitor estaba empeñado en hacer mis días felices, pero solo con tenerlo cerca ya me sentía la mujer más feliz del mundo, sentía que vivía una vida perfecta por tener a mi amor conmigo. Dormía en sus brazos todos los días y despertaba con sus ojos brillando para mí, nada podría ser más perfecto que eso.

La semana fluyó así, él poseía mi cuerpo todas las noches antes de dormir y me amaba todas las mañanas antes de salir de la cama. Estaba mal acostumbrada con sus besos y caricias y mimos.

En el trabajo logré adelantar todo para poder ausentarme por unos días. Cuando llegó el jueves, estaba hecha un manojo de nervios y completamente ansiosa por la boda que se realizaría el sábado. No pensé que me pondría así, que ese nerviosismo que afecta a las novias inexplicablemente también me afectaría, ya que la boda nunca había sido algo fundamental en mi vida.

Tal vez toda esta inquietud y agitación con la boda se deba únicamente al hecho de que encontré al amor de mi vida y estaré uniéndome a él de la forma más tradicional que la humanidad estableció hace siglos, por el vínculo del matrimonio, ante los ojos de nuestros mejores amigos y familia. Pero el hecho es que estaba ansiosa por el día.

Hebe y Melissa se encargaron de reclutar a todas las chicas e iríamos a la casa de playa el jueves para acompañar el montaje de todo. Los muchachos llegarían el sábado por la mañana, ya que la boda sería al atardecer. Estaba algo malhumorada por estar dos días lejos de Heitor, lo confieso.

Hebe pasó por casa para recogerme el jueves bien tempranito, Érica y Emilia irían con nosotras y cuando entré al carro las dos ya estaban de fiesta, reían y hablaban y cantaban. Su energía era inagotable.

Llegamos a la casa y fue el tiempo de acomodarnos y los camiones con los muebles de la boda comenzaron a llegar. Melissa y Hebe trabajaban incansablemente y con una enorme sonrisa en la cara, como si fueran las maestras del universo. Yo, por mi parte, me estaba aburriendo.

El viernes por la tarde, ya no tenía nada que hacer, Melissa y Hebe cuidaron tan bien de todo que las cosas parecían realizarse solas. Entonces me senté medio enfurruñada cerca de la piscina.

— ¿Qué pasa, Sami? —Manu se acercó y se sentó a mi lado.

— Está todo tan organizado que no tengo qué hacer. Me estoy aburriendo. —Me quejé y Manu soltó una carcajada.

— No hay problema, novia. —Melissa apareció detrás de mí y ni la había notado—. Aquí tienes una lista de cosas para recoger en el centro de la ciudad, ¿pueden ir a buscarlas? Ya está todo pagado, es solo recoger y traer.

— ¡Genial! Ciudad, yo me apunto. —Emilia festejó.

— Yo también, quizás encontremos algún chico guapo nativo por el camino. —Érica vino riendo.

— Lleven mi camioneta y así traen todo. —Melissa extendió las llaves hacia Emilia que las tomó saltando.

— ¡Vamos, chicas! Hay una ciudad esperándonos. —Emilia salió jalándome mientras Érica agarraba a Manu por el brazo.

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