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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 418

"Manuela"

Cuando Meli me dejó en la entrada del edificio de Flavio, estaba depilada, maquillada, peinada, con una lencería linda y sexy, un vestido nuevo y unos tacones altos que me hacían sentir una gigante. Fuimos al centro comercial y después a un SPA donde ella me hizo pasar por todos los procedimientos posibles que, de acuerdo con ella, me dejarían irresistible. La mejor parte fue aquel baño de sales con pétalos de rosa que estaba delicioso. Cuando quedé lista, realmente me sentía hermosa.

Me detuve en la puerta del apartamento y respiré profundo.

—Llegó la hora, Manuela, ¡coraje! Sé la Manuela fuerte y decidida que tienes dentro de ti. Y si la Manuela reprimida y miedosa aparece, golpéale la cara hasta que se quede quieta encogida en el rincón en el fondo de tu cabeza. —Me dije a mí misma y llenándome de valor toqué el timbre.

Flavio abrió la puerta y no pensé en nada más, estaba guapísimo con un pantalón de vestir negro y una camisa azul oscuro, de mangas largas y algunos botones abiertos. Tragué saliva y cuando volví a mirar su rostro tenía una sonrisa hermosa y los ojos brillantes. Tomó mi mano y me jaló suavemente hacia adentro. Cerró la puerta detrás de mí y me presionó contra ella, apoyando las manos en la puerta, una a cada lado de mi cabeza.

—¡Bajita! ¿Qué hiciste?

—¿Yo? Nada. ¿Por qué? ¿Qué tiene de malo? —Pregunté mirándome y preocupada de que Meli hubiera exagerado.

Flavio me tomó por la cintura y acercó su cuerpo al mío, haciéndome sentir ese hormigueo agradable de ansiedad por su beso.

—No hay nada malo, ¡mi bajita hermosa! Pero conseguiste verte aún más linda. —Mi corazón se apretó en el pecho de felicidad y él me besó, con cariño y despacio.

—¿Te gustó? —Pregunté después de que me besó, todavía algo insegura.

—¡Me encantó! —Besó mi cuello y luego habló en mi oído—. Tal vez ni siquiera te quitemos esos zapatos.

Sentí una corriente eléctrica pasar por mi cuerpo, desde mi oreja hasta mi vientre, dejándome erizada. Flavio miraba mi rostro atentamente, como si leyera en mis ojos lo que pasaba dentro de mí.

—Es mejor que cenemos primero. Preparé algo especial. —Sonrió y se alejó, sosteniendo mi mano me llevó—. Ven.

Solo entonces noté la sala iluminada a media luz y una música romántica sonando. La mesa estaba puesta y había velas encendidas, todo demostraba que él había pensado en cada detalle. Retiró la silla para que me sentara y me sirvió una copa de vino.

—In vino veritas, Bajita! —Flavio sonrió y me guiñó un ojo.

—¡En el vino está la verdad! ¿Quieres sacarme una confesión, delegado? —Bromeé llevando la copa a mi boca y tomando un sorbo de vino—. ¿O simplemente quieres emborracharme?

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