"Manuela"
Mis días con Flavio eran perfectos, estábamos cada vez más compenetrados. Él me llevaba al trabajo, después a la universidad y me recogía allí. Íbamos a su casa y cuando llegábamos él ya había preparado algo para que comiéramos juntos. Después tomábamos una ducha y él me llevaba a la cama.
Me encantaba el sexo con él, nunca pensé que el sexo fuera algo tan poderoso, tan maravilloso y que pudiera despertar en mí esa necesidad de sentir su cuerpo junto al mío todos los días. A veces era deliciosamente intenso, o como él decía, bruto y rústico, pero yo adoraba eso, me encantaba cuando me tomaba con fuerza, como si necesitara mi cuerpo de una manera casi desesperada. Otras veces era lento y gentil y en esas ocasiones sentía como si él adorara mi cuerpo, como si me venerara y era casi como si tocara mi alma con las manos. La noche anterior había sido así, como si me marcara como suya en cada centímetro de mi cuerpo.
Desperté con sus besos en mi nuca, y su mano acariciando mi cabello. Me moví perezosamente en la cama, pero no abrí los ojos.
— Abre esos ojos lindos para mí, Bajita. Mírame —Flavio habló con una voz cariñosa y alegre. No resistí y abrí mis ojos.
— Quería más besos —protesté.
— ¡Pero qué novia caprichosa tengo! —cada vez que decía que yo era su novia me ponía más feliz. Me dio un beso en la boca, lleno de ternura y cariño—. ¿Está bien así?
— Está mejorando —dije y él se rió.
— ¿Sabes qué día es hoy? —me preguntó y yo no me estaba preocupando por el día, solo quería que siguiera besándome.
— Viernes —dije y le di un beso sobre la sombra sutil de un chupetón que le di en el cuello el domingo pasado y que él andaba exhibiendo satisfecho, pero que ya se desvanecía. Ni yo sé qué me pasó cuando hice aquello.
— ¿Cuándo vas a marcarme de nuevo? Me encantó andar por ahí mostrándole a todo el mundo que tengo dueña —me reí recordando cómo las chicas me tomaron el pelo diciendo que me hacía la santa, pero en realidad era una descarada.
— ¿Quieres decir que soy tu dueña? —me encantaba cuando decía que era mío.
— ¿Tienes alguna duda de eso? —me volteó de frente a él—. Me tienes, Bajita. Soy todo tuyo, solo tuyo —me dio otro beso—. Y hoy, voy a comenzar el día mimando a mi chica, después de todo está cumpliendo años.
Flavio se levantó y me jaló con él, sentándome en la cama. Salió de la cama y tomó la bandeja de desayuno que había preparado, colocándola sobre la cama. En la bandeja, además del desayuno, con croissants, pastel y tostadas, había una única flor en un jarrito solitario, un lisianto rosa.
— ¡Qué lindo! Me estás malacostumbrando. Cuando vuelva a mi casa voy a extrañar esto —dije pensando que extrañaría despertar con él todos los días.
— ¿Quieres deshacerte de mí? —preguntó serio.
— De ninguna manera, pero mi apartamento está allá cerrado desde hace días.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....