"Flávio"
Me había quitado el peso del mundo de encima. Ya habían pasado algunos días desde que Sabrina armó ese circo en mi apartamento, después de eso dejó de llamarme. Manu y yo estábamos más unidos e incluso mi papá había dejado de exigir mi presencia en Campanário cada semana.
—¡Finalmente llegó el día! —Manu me miró hacer el nudo de la corbata a través del espejo.
—¡Hm! Y pareces estar muy emocionada por eso. —La miré de reojo, ella soltó una risita y se metió entre el mueble del lavabo del baño y yo.
—Ah, sí, estoy muy ansiosa por ver a mi novio lindo hablar por una hora sobre las maravillas de ser comisario de policía y después quedarse otra hora más respondiendo las preguntas de un montón de estudiantes ansiosos. —Pasó las manos por mi pecho y me dio un beso en la barbilla.
—Pensé que estabas ansiosa por que tu novio lindo y bien dotado te cogiera. —La abracé por la cintura provocándola con un beso detrás de la oreja.
—Mi novio es un creído, pero sí, siempre estoy ansiosa por eso. —Respondió con los ojos cerrados, poniéndose blanda en mis brazos y me reí.
—Tú eres la que me pones creído, siempre estás exaltando mis cualidades. —La provoqué un poco más y suspiré. —Por más que quiera seguir besándote, tenemos que irnos. Te voy a dejar en la oficina y paso al final del día para recogerte e iremos juntos a ese tal evento jurídico.
Manu se rió. Pasó toda la semana provocándome sobre esta terrible conferencia que Bonfim me estaba obligando a dar. Pero no tenía cómo escapar de eso. Al final del día, cuando llegué al campus de la universidad con Manu, me despedí de ella en el estacionamiento, ella iba a ir a la biblioteca y yo tenía que presentarme en la coordinación de la carrera antes de la conferencia.
Fui recibido con mucho entusiasmo por el coordinador que había organizado el evento, ni esperaba tanto, pero aparentemente estaba muy agradecido porque hubiera incluido en mis compromisos esta conferencia. Me presentaron a varios otros miembros de la universidad y después de intercambiar gentilezas, finalmente era hora de hablar para ese montón de universitarios.
Entré al auditorio y antes de subir al escenario vi a Manu sentada en una silla en la punta de la fila del medio, al lado estaba un muchacho más o menos de su edad, tal vez un poco mayor, le dijo algo cerca del oído que la hizo reír y le pasó el brazo por los hombros. Ya no me gustó eso.
Me presentaron al joven público y entonces comencé a hablar. Fue la hora más interminable de mi vida. Durante toda la hora siguiente les hablé a un montón de alumnos que me miraban como si estuvieran interesados, pero probablemente con las cabezas en otro lado. Sin embargo, lo que realmente me ponía cada vez más incómodo era el amiguito de mi novia. Ese muchacho insistía en pasarle papelitos a Manu y decirle cosas muy cerca del oído y de vez en cuando insistía en ponerle el brazo sobre el hombro. Tenía ganas de bajar del escenario e ir hasta allá, cargar a Manu en los hombros y no dejar que pisara nunca más esta universidad. Pero no podía, después de todo no era un hombre de las cavernas.
Cuando finalmente terminé de hablar, recibí los aplausos y el coordinador del evento subió al escenario y anunció que respondería preguntas por la próxima hora y cómo funcionaría. Quería poner los ojos en blanco, resoplar y darle la espalda. Nunca hice nada más aburrido en toda mi vida. Y encima siendo provocado todo el tiempo por un muchacho codiciando a mi novia.
Empezaron las preguntas y trataba de prestar atención a cada una y responder lo mejor posible, pero ya estaba perdiendo la paciencia con ese muchacho que solo le prestaba atención a mi novia. En un momento ya estaba cansado y aún faltaba por lo menos media hora para que terminara esa tortura. Empecé a caminar por los pasillos entre las sillas del teatro mientras respondía a las preguntas, me detuve exactamente al lado de Manu y la miré, ella me dio una sonrisa.
Me quedé ahí mientras respondía una pregunta y vi el momento en que el muchacho puso una nota sobre sus apuntes. Ya estaba a punto de darle una paliza a ese mocoso atrevido y no tenía ni una pizca de humor en mi expresión. Necesitaba saber que ella era mía. En un gesto rápido, tomé la nota y me la puse en el bolsillo del saco. El muchacho me miró como si tuviera dos cabezas y le sonreí a Manu, que pareció entender que estaba cabreado con ese mocoso. Por el resto del tiempo me quedé ahí a su lado.
Cuando esa lata finalmente terminó volví al escenario y recibí las felicitaciones del coordinador. Algunos alumnos vinieron a hablar conmigo, lo que no esperaba y era más de lo que podía soportar, sin embargo hablé con cada uno de modo educado, pero sin humor. Pronto vi a Manu acercarse con el mocoso siguiéndola, estaban cerca de mí, tanto que fue posible escuchar a ese mocoso.
—Manu, vamos al bar, todos van, tomamos algo, conversamos y después te llevo a casa. —Le habló y le tocó el brazo.
—No, PH, estoy cansada, ya te dije. —Manu respondió toda educadita.
—Entonces ¿por qué no aceptas cenar conmigo? Vamos a un lugar más tranquilo, conversamos un poco. Todavía es temprano. Anda, Manu, vamos a salir. —Ese cachorro necesitado estaba descaradamente coqueteando con mi novia y mi paciencia ya se había agotado hace mucho tiempo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....