"Flávio"
El teléfono de mi escritorio estaba sonando, contesté y la secretaria me informó que había una mujer que quería hablar conmigo, pero no se identificó. Me pasó la llamada y apenas contesté escuché la voz de Sabrina.
—Flávio, te necesito... —Parecía estar llorando y parecía ansiosa, casi descontrolada.
—Ah, Sabrina, ¿qué onda? ¿Vas a empezar otra vez? Esta vez no va a funcionar. No me vuelvas a llamar. —Estaba listo para colgar, pero me lo impidió.
—NO CUELGUES, FLÁVIO. —Gritó. —Si no vienes me voy a matar, me tiro de la ventana.
—¡Entonces tírate, Sabrina! —Colgué el teléfono, no iba a caer en ese chantaje.
Enseguida recibí un mensaje en el celular. Una foto de Sabrina despeinada, con el maquillaje corrido, sentada en el alféizar de la ventana, con los pies hacia afuera, mirando hacia abajo. Justo debajo de la foto el mensaje "si no vienes me tiro. Estoy en el Savanah".
—¡Pero qué carajo! —Quería mucho ignorar aquello, pero Sabrina ya había intentado matarse una vez, fue antes de que nos casáramos. No podía simplemente ignorar eso, podría ser solo un chantaje, pero podría no serlo.
Salí de la estación y acababa de enviar un mensaje cuando entré al carro. Solo le dije que iba para allá. Llegué al hotel y la recepcionista me informó prontamente el número del cuarto.
—Sabrina, abre la puerta. —Hablé apenas toqué la puerta.
La puerta se abrió y entré. Al voltearme y ver a Sabrina me puse furioso. Con mi buena fe terminé cayendo en otro de sus trucos. Cerró la puerta, la trabó y antes de que pudiera razonar y moverme corrió hasta el armario y encerró la llave del cuarto en una caja fuerte.
—¿Pero qué carajo es esto, Sabrina? —Cualquier mínimo sentimiento de piedad que hubiera podido tener por ella se evaporó y en ese instante, yo mismo la tiraría por la ventana.
—Sabía que vendrías. —Se rio. —Funcionó una vez y funcionó ahora otra vez. ¿Y sabes qué va a pasar? Como la otra vez vas a volver conmigo.
Pero qué gran idiota soy que esta perra siempre conseguía manipularme. En el pasado, aún andábamos, pero tenía dudas sobre lo que sentía por ella, entonces terminé el noviazgo. Ya estaba empezando a salir con otra chica, cuando la mamá de Sabrina me llamó pidiendo que la ayudara, pues Sabrina estaba encerrada en el cuarto diciendo que se iba a matar. Fui para allá, rompí la puerta y la encontré con una navaja haciéndose pequeños cortes en las muñecas. Dijo que se mataría, pues no podía vivir sin mí. Después de eso, regresamos y le pedí matrimonio.
Pero ahora, al parecer, el supuesto intento de matarse no fue más que un engaño. Un engaño en el cual el pendejo aquí cayó. Y cayó por segunda vez, pues estaba encerrado con ella en un cuarto de hotel y solo traía bragas y sostén.
—¡Estás loca, Sabrina! —Puse la mano en el bolsillo para sacar el celular, pero no lo tenía conmigo, en la prisa lo dejé en el carro. Miré por el cuarto y tampoco vi el teléfono, seguramente esta loca encerró todo en la caja fuerte.
—Loquita por ti, Flávio. —Sabrina se rio. —No exactamente por ti, pero te quiero y eres mío, entonces...
Di una sonrisa forzada, jalé la bufanda del armario y fui sobre ella en la cama. Agarré sus muñecas, las puse sobre su cabeza y las amarré, bien apretado para que no se soltara.
—¡Uy, qué delicia! ¿También me vas a dar unas nalgadas? —Sabrina provocó aún pensando que cedería a su voluntad. Sonreí previendo la rabia que le daría cuando cayera en cuenta de la realidad.
—No, Sabrina, sin nalgadas. —La arrastré en la cama y amarré la bufanda en la cabecera, bien firme para que no se soltara. Me bajé de encima de ella y aprecié el momento en que se dio cuenta de que estaba equivocada sobre mis intenciones.
—Muy bien, Sabrina, ahora dime la contraseña de la caja fuerte y te desamarro antes de salir, pero si no dices voy a gritar hasta que alguien abra la puerta de este cuarto y voy a dejar que te vean desnuda y amarrada ahí. —Hablé alejándome de la cama para que no me diera una patada.
—¡Cretino, idiota! —Se quejó.
—Anda, Sabrina, tengo prisa. —Avisé. —¿No vas a hablar?
Fui a la puerta del cuarto y empecé a tocar y a gritar. No tardó en llegar mi auxilio, dos mucamas y un guardia. Expliqué rápidamente lo que pasó, agregando que se trataba de una ex mujer loca, lo que tuve la impresión de que despertó la simpatía del guardia, y salí de ahí lo más rápido posible sin siquiera mirar atrás.
Ahora mi única preocupación era cómo me iba a explicar con la pequeña, porque obviamente le contaría esto y se lo contaría inmediatamente, antes de que Sabrina tuviera tiempo de hacer chismes. Salí del hotel y fui directo al trabajo de Manu.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....