"Flávio"
Cuando llegamos a casa del hospital, no había nadie, solo una nota de Lisa diciendo que habían salido y tardarían. Después de un baño mi pequeña me mostró varias veces que ella es la mujer de mi vida y que es la única hacia quien debo correr, no que tuviera alguna duda de eso, porque nunca la tuve, pero adoraba cuando ella tomaba la iniciativa y me dominaba de esa manera.
—¿Estás sonriendo por qué, grandote? —Manu salió del closet y me pilló con esa sonrisa enorme sentado en el sillón del cuarto.
—Porque no logro quitarme la sonrisa de la cara. Parece que la pegaste aquí —la jalé hacia mi regazo y la besé.
—No empieces, tenemos visitas —se rio.
—No te acordaste de eso esta noche. ¿Estás segura de que quieres salir del cuarto? —pasé la mano sobre su seno y se estremeció.
—Sí, vamos. Ya es tarde —salió de mi regazo rapidito.
Llegamos a la mesa del comedor y había tres personas mirándonos de mal humor, pero el más enojado de todos era Camilo.
—Eh, gente, ¿qué pasó? —preguntó Manu extrañándose del silencio—. ¿Su noche no estuvo buena?
—No, Manuela, mi noche fue pésima, cuando llegamos esta noche casi tiro la puerta de su cuarto, pensando que tu novio te estaba matando —habló Camilo en serio.
—Ah, pero lo estaba haciendo, mi amor. Solo que no de la manera que pensaste, fue como te mostré. Y no seas ingrato, tu noche no fue pésima —Olivia le sonrió al marido.
—¡Por el amor de Dios, Oli! —reprobó Camilo a su esposa—. Es mi hermanita y ese pervertido la está pervirtiendo.
—En mi defensa, les digo que la pervertida es ella —me reí. Camilo miró a Manu que tenía la cabeza gacha, casi muriéndose de vergüenza.
—¡Flávio! —Manu me llamó la atención.
—Pequeña, no sirve de nada hacerte la santa, eres una pervertida y amo eso de ti —la jalé hacia mis brazos—. Y tú, Camilo, no te hagas el ofendido, tu hermana ya no es una niña.
—¡Pero qué montón de hipócritas! —se rio Lisa—. Te pones todo estresadito cuando hablo de conseguir un novio. Y tú, Camilo, quejándote de ellos, pero tu esposa también se hizo escuchar alto y claro esta noche. Debería haber obligado a Rick a dormir aquí, así seríamos tres gritando...
—¡LISANDRA! —grité shockeado—. ¿Qué está pasando entre tú y Rick? —exigí saber y ella se carcajeó junto con los otros.
—¡No dije, hipócrita! —Lisa me señaló.
Aún estábamos tomando el café cuando sonó el timbre, fui a abrir y Melissa entró como una reina.
—¡Llegué, detective! ¿Dónde está mi Llavecita? —Melissa estaba a todo vapor y fue entrando. Detrás de ella Nando solo se encogió de hombros.
—¡Entra, Nando! —jalé a Nando adentro y lo saludé—. Oye, loca, ¿no me vas a dar un abrazo?, te tomas vacaciones de un mes y ni extrañas a los amigos.
—Ah, detective, sabes que extraño a los amigos —se rio Melissa y me abrazó—. ¡Mira, este es para ti! —Melissa me entregó una bolsa—. ¿Dónde está Llavecita?
—Estamos tomando café, ven —la llamé y salí abrazado con ella, cuando Melissa miró alrededor de la mesa pensé que le daría algo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....