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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 533

"Camilo"

Cuando nos acercamos a nuestra casa vi unas pocas personas alrededor, vi a mi papá del lado de afuera del portón y a Rita armando un escándalo. Miré aquello con disgusto. A mi lado Olivia aplaudió y dio saltitos en el asiento.

—¡Pero es hoy! —habló Olivia alegremente, enrolló y sujetó el cabello largo en un moño. La miré intrigado.

—¿Es hoy qué, Oli? —pregunté, pero ya estaba bajándose del carro decidida y solo me quedó hacer lo mismo.

—Anda, Orlando, dime, ¿quién es la fulana con la que te estás metiendo? Para pedir el divorcio así con tanta prisa, solo puede ser porque estás loquito por otra mujer —Rita gritaba y lloraba, haciendo una escena de esposa traicionada. Estaba adorando tener público. Estaba posando de esposa ofendida frente a la ciudad.

—Rita, por favor, ¡para con eso! —mi papá parecía furioso.

—Quería conversar contigo, Orlando, en el refugio de nuestro hogar, pero saliste de casa mientras fui a visitar a nuestra hija. Saliste sigilosamente, como si estuvieras huyendo y viniste a meterte aquí en casa de Camilo, que siempre quiso destruir nuestra familia. Con seguridad él está encubriendo tu infidelidad —Rita estaba pasando los límites, a gritos con una pequeña audiencia para aplaudir su show.

—Rita, no necesitas ayuda para destruir tu familia, solita ya lo haces —Oli apenas había bajado del carro y empezó a hablar tan alto como Rita.

—Cállate la boca, perdida. Saliste de casa siendo todavía una niña y te fuiste al mundo con esa historia de ser modelo, pero en realidad te echaste a perder, te perdiste, después volviste y te casaste con ese idiota. Eres una pésima influencia, apuesto que fuiste tú quien le llenó la cabeza de ideas a Manuela —Rita siempre ofendía a Olivia, pero ella nunca se preocupaba, o al menos yo creía que no.

—¡Ah, demonia, no me hables así! —no sé qué le dio a Olivia, se fue encima de Rita y la agarró de los cabellos jalando como si sacudiera un trapo de piso.

—Ayyy... ayúdenme, socorro, alguien quite a esta fulana de encima de mí —Rita gritaba tratando de soltarse y Olivia estaba agarrada a su cabello, sacudiéndola de un lado a otro.

Me acerqué y jalé a Olivia de la cintura. No soltaba y sacudía la cabeza de Rita de un lado a otro frenéticamente. Jalé con más fuerza y di un paso hacia atrás y Olivia jaló a Rita junto.

—Dios mío, Oli, suelta a esa mujer antes de que le arranques la cabeza —me quejé y mi esposa dio otro jalón con toda la fuerza y solo entonces soltó a Rita.

Olivia soltó a Rita, pero sus manos se quedaron llenas de cabellos que le arrancó de la cabeza. Levantó los puños cerrados, mirando sus propias manos con una sonrisa. Rita miró aquello y se puso como un toro bravo, toda despeinada y con la ropa desalineada, se fue encima de Olivia y solo tuve tiempo de poner a mi esposa detrás de mí para protegerla. Rita vino con todo y la sujeté de las muñecas.

—Te vas a ir de aquí ahora y cuando veas a mi esposa en la calle vas a cambiar de acera —dije con la voz baja y controlada.

—¡ADN! —habló Olivia bajito, mirándome y mostrándome los cabellos. Solo entonces entendí que quería el cabello de Rita para mandar hacer el nuevo examen de ADN.

Mi papá no nos escuchó, miraba a media distancia sin entender lo que pasó, despidiendo a los pocos espectadores de ese show de horror. Mandé a Olivia adentro de casa y puse el carro en el garaje. Mi papá se quedó parado junto a la puerta esperándome, me pareció mejor dejar las cajas en la cajuela y mirar después.

—¿Qué le pasó a Olivia? —preguntó mi papá cuando me acerqué—. Nunca le hace caso a los disparates de Rita, pero hoy se puso como una fiera.

—Ah, papá, sabes que ni yo sé. Creo que está cansada de todas las maldades de Rita con Manu y se puso nerviosa al ver a Rita aquí haciendo este escándalo. O tal vez sea solo síndrome premenstrual —respondí tratando de parecer convincente, pero quería reírme, pues la escena fue caótica, pero graciosa.

—Sí, fue un escándalo de verdad —respondió mi papá y se rascó la cabeza—. Voy a disculparme con Oli después.

—Papá, no es tu culpa —le pasé la mano por el hombro y entramos a casa.

Olivia bajó las escaleras sonriendo, ni parecía que había enfrentado a la demonia, como decía, y le había arrancado un puñado generoso de cabello.

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