"Manuela"
El viernes en la oficina estaba tan tranquilo que estaba viendo pasar el tiempo lentamente. Terminé acordándome de los alfajores de la confitería frente a la oficina, hacía tanto tiempo que no los comía y eran deliciosos.
—Hm, creo que voy a ir a comprar algunos para una merienda en la tarde —me dije a mí misma.
—¿Hablando sola, Manu? —Lisa apareció en la puerta de su oficina con una taza en la mano.
—Es una manía, Lisa, converso conmigo misma. Pero ya que estás aquí, ¿te importa atender el teléfono por unos minutitos? —le pregunté a mi cuñada.
—Claro que no, yo atiendo —sonrió y miró el celular en su mano.
—No me tardo —tomé mi bolsa y caminé hacia el elevador.
—Oye, Manu, ¿dónde vas? No vas a salir del edificio, ¿verdad? Flávio dijo que no salieras... —Lisa se dio cuenta de que pretendía salir y se preocupó.
—Es rapidito, Lisa, voy a la confitería de enfrente. No te preocupes, mi papá está vigilando a mi mamá, puso una persona para vigilarla e informarme si ella o Juliano salen de la ciudad, como no dijo nada, no hay problema en que vaya a la confitería —le sonreí y entré al elevador.
La libertad realmente tiene un sabor dulce. Me reí a mí misma con el pensamiento. Era tan bueno poder caminar libremente, soñaba con el día que mi mamá fuera a olvidar esa idea de obligarme a volver a casa y casarme con ese idiota del hijo del Sr. Cándido. Compré los alfajores y salí de la confitería.
—¡Te agarré, ratoncita! —mi mamá me agarró de los cabellos.
—¡Mamá! Suéltame, ay, ¡está doliendo! —me quejé.
—Y si no te portas bien va a doler más —mi mamá me jaló y casi me desequilibré.
Abrió la puerta trasera de un carro negro que no era el suyo, pero para hacer eso tuvo que soltar mi cabello y se quedó agarrándome solo del brazo. Aproveché que aflojó el agarre y me solté, pero antes de que pudiera correr clavó sus uñas en mis brazos con toda la fuerza. Me debatí y sentí sus uñas rasgar mi piel.
—¡Mamá, por favor, suéltame! —las lágrimas ya bajaban por mi rostro y trataba de soltarme.
—Mientras más luches, peor va a ser tu castigo cuando llegemos a casa —me dijo.
Miré desesperada alrededor, pero no había nadie pasando por la calle en esa hora. En la confitería eran apenas dos empleadas que parecían demasiado distraídas para notar lo que pasaba ahí en la acera.
Me debatí y traté de soltarme y sus uñas rasgaron un poco más mi piel. Me arañó los brazos y levantó la mano para darme una bofetada. En la confusión, el tacón de mi zapato se enganchó en algo y se quebró, me desequilibré y caí. Justo en ese momento sentí un par de manos en mis hombros tratando de levantarme y me debatí aún más. La persona detrás de mí que me sujetaba finalmente habló.
—Calma, señorita, soy policía —me volteé y vi esa cara que conocía por verla todos los días parada ahí frente al edificio donde trabajaba.
—¡Suéltame, bruto! Quítame las manos de encima —miré a mi mamá que estaba gritando y siendo sujetada con las manos atrás mientras el policía trataba de esposarla.
—¡No! —le grité—. No necesita arrestarla. Es mi mamá. Solo sáquenla de aquí y ayúdenme a llegar a la oficina.
—Pero, señorita, al detective no le va a gustar esto —habló el policía que sujetaba a mi mamá. Ella me miraba furiosa.
—Quería llevarme y ellos me ayudaron —respondí con las lágrimas volviendo a caer. Flávio se levantó y fue hasta el policía.
—Espero que esa criatura me esté esperando en la comisaría ahora —siseó Flávio y el policía puso las manos en la cintura y miró de un lado a otro.
—Detective, la señorita no dejó que arrestáramos a su mamá. Pidió que la lleváramos hasta la salida de la ciudad, igual que hicimos con los muchachos ese día —explicó el policía y Flávio golpeó la pared, pero no dijo nada.
—¿Por qué saliste sola, pequeña? —Flávio se agachó nuevamente a mi lado, quería saber todo y yo quería saber qué hacía Olivia ahí.
Les expliqué por qué salí, que confié en que mi mamá estuviera en nuestra ciudad y solo por eso salí del edificio por un momento. Fue solo por un momento. Mientras contaba el médico terminó de limpiar los cortes hechos por las uñas de mi mamá en mis brazos. Usaba un tipo de uñas de gel, no sé, pero cortaban como navajas. El médico me recetó antiinflamatorios y analgésicos, pero dijo que estaba todo bien y salió de la cocina.
—Manu, te vas a casa —habló Alessandro simplemente y no dejó espacio para discusión.
—Vamos, pequeña, voy a comprar tus dulces y te llevo a casa —Flávio besó la parte de arriba de mi cabeza y una bolsa de la confitería se agitó frente a mí.
—Los dulces ya los compré —Rick me sonrió y le agradecí.
—Vengo a buscarte al final del día, Lisa —le avisó Flávio a su hermana.
—No necesitas, yo llevo a Lisa a casa y aprovecho para ver cómo está Manu —respondió Rick.
Salimos de ahí, Flávio, Olivia y yo, después de que agradecí a todos por el apoyo y preocupación. Estaba sintiendo dolor por todo el cuerpo, pero principalmente me dolía el corazón. ¿Cómo una madre era capaz de esto?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....